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NO TEMAS PUES HA ESTADO RESERVADO PARA TI DESDE SIEMPRE.

 

NO TEMAS PUES HA ESTADO RESERVADO PARA TI DESDE SIEMPRE.

“No temas pues ha estado reservado para ti desde siempre”. ¡Bendito sea Dios! porque sé que estas palabras servirán de aliento al menos a una persona que sienta tanto dolor en el alma como algún día yo lo sentí, porque Él sabe que todo lo que está escrito aquí, es totalmente cierto y me siento muy orgullosa de mi Dios, de la oportunidad que me dio para cambiar, de esta prueba que permitió en mi vida y de las señales que nunca dejó de darme de que esta siempre conmigo.

   Elegí este tema para mi testimonio porque fue la primera palabra que el Señor me dio cuando empezaba mi lucha: “No temas pues ha estado reservado para ti desde siempre y tú eres quien lo va a salvar” “Tobías 6:18”. Cuando lo leí no lo podía creer, yo creí que eso solo pasaba en los testimonios que leía en la página. Esta escritura me la dio muchas veces en los momentos cuando más me dolía y cuando más pensaba en renunciar.

   Mi esposo y yo nos conocimos por medio de nuestros hermanos en el año 2000 (mi hermana vivía en unión libre con mi cuñado, ellos ya se separaron) ella me llevó a la ciudad donde vivía con él; yo no quería ir pero Dios ya tenía sus planes para todos…cuando llegamos a su casa lo conocí, y me enamoré, el me invitaba a salir pero a mí me daba pena y siempre le decía que no, llegó el día en que teníamos que regresar a mi pueblo y ese día me pidió que me casara con él! Ni siquiera éramos amigos, nunca habíamos platicado, yo creí que estaba jugando y por lo mismo respondí que sí. Regresamos al pueblo y al poco tiempo llegó allá a pedirme que fuera su novia, nos hicimos novios y después decidimos vivir juntos, queríamos casarnos pero mi mamá no estaba muy de acuerdo y como tenía una enfermedad terminal no lo hicimos, como al mes ella murió y yo no sé qué habría sido de mi si mi esposo no hubiese estado conmigo, fue muy difícil superar esa pérdida pero con él era más llevadera.

Después entré a trabajar, tuve a mi primer hijo y dice mi esposo que comencé a cambiar, pues me iba bien económicamente y a él no, pues a donde nos mudamos era muy escaso el trabajo y mal pagado, así es que creo que de algún modo comencé a sentirme más que él, sin darme cuenta totalmente de eso, aun así el siempre siguió amándome, me ayudaba y se comportaba como el mejor de los esposos. Nació nuestra segunda hija y la boda por lo civil, después nos mudamos a la ciudad de donde él es originario, el entró a trabajar en la policía y también comenzó a cambiar a un modo de ser machista, dejó de ser cariñoso, atento, después vino el primer rompimiento por una tercera persona que el tenía, sufrí muchísimo, después la dejó, lo perdoné y regresó a casa, y comenzaron los celos, pleitos.

A los 2 años de eso, nos casamos por la iglesia por iniciativa de él, pero unos meses antes de la boda le confesé que había cometido un error con un hombre, le pedí perdón, me perdonó y quedamos en olvidarlo ( esto lo hice porque lo amaba y porque no quería que se casara conmigo sin saber esto, pues para mí el compromiso por la iglesia es muy importante), después comprendí que había sido un error confesarlo, pero yo me sentí liberada; y para el día de la boda ya estaba esperando a nuestro tercer hijo, de eso hace 3 años, después siguieron los pleitos, celos de parte mía, yo ya no le tenía confianza y todo le revisaba, me enojaba si llegaba tantito tarde etc, él ya no me tenía paciencia ya no trataba de explicarme nada, y a mí me daba más coraje, 2 veces se fue pero regresó al otro día, yo lloraba todas las noches de saber que aquel hombre que antes me amaba ya ni siquiera les interesaban mis lágrimas.

Hasta el 31 de julio de 2012 se fue y dijo que jamás regresaría, yo harta también de todo y con una actitud egoísta hasta le di gracias a Dios, me sentía libre y quería comenzar una nueva vida con mis hijos, sin darme cuenta que ellos eran los que más sufrían y mi Dios también, ellos lloraban por su papa y se me partía el alma, me empecé a dar cuenta de lo que realmente estaba pasando: estábamos destrozando una familia, la vida nuestra y la de nuestro hijos, ¿quién soy yo?, ¿quién es él? para negarle una familia a nuestros hijos, si ellos no habían pedido venir acá. Yo sabía que Dios existía y que es Todopoderoso “Que para El no hay nada imposible”, lo que me preguntaba era si: ¿Dios quería que estuviéramos juntos después de tanto daño, tanto dolor que ambos nos hicimos? Y buscando algo que me pudiera ayudar en internet, los encontré: ahí estaba la página JSMF, fue como todos dicen aquí: “agua en el desierto”.

Comencé a leer asimilando que: todo lo que estaba escrito en la página de JSMF era la verdad, me demostraron que Dios SI quería una restauración para mi familia pues su palabra así lo dice y comencé la lucha, al principio solo le pedía que me regresara a mi marido, que me volviera a amar etc., porque ya él me había vuelto a decir que no regresaría jamás, que ya no me amaba, que me buscara otra persona, y que él ya tenía OM, no podía creer lo que escuchaba, mi corazón se partía en 10,000 mil pedazos, solo mi Jesús pudo levantarme del piso donde me quedé después de escuchar esas ‘palabras’ de parte de la persona que había prometido amarme y estar siempre ¡conmigo!. Pero después fui comprendiendo con la ayuda de ustedes y de mi Señor que yo tenía que cambiar primero y no miento hasta la fecha estoy tratando de obedecer su palabra, de servirle etc. Y digo tratando porque no soy perfecta de repente tengo mis errores.

A los pocos días en un sueño Jesús me tomó de la mano, me guió y ¡me mostró que subiera hacia unas escaleras, yo subí…¡qué hermoso sueño! así es que tratando de cambiar comencé a pedir a Dios que se hiciera su Voluntad en mi matrimonio, que estábamos en sus benditas manos, a agradecerle por todo, a ofrecer a Jesús mi dolor, a pedir por mi esposo, que no me dejara odiarlo, que cada vez que me hiriera que lograra perdonarlo inmediatamente y créanme es duro y muy difícil pero sí se puede, de hecho no recuerdo muchas cosas que me hacía o me decía ¡Dios es maravilloso!, también pedía por la OM que la llenara de amor y de bendiciones y así ella regresara al camino de Dios, aun lo pido porque no la odio a pesar de lo que hacía para dañarnos y de corazón le deseo que regrese con su esposo por el bien de ellos y para la gloria de Dios. También pedía por todos los matrimonios rotos, muertos, etc.

En la madrugada me levantaba a orar, tarde y noche, rezaba el rosario de la Virgen María, rezo aun el rosario de la misericordia, voy a la hora santa, misa, confesiones, visita a los enfermos etc., un día estaba dormida ya casi para despertar y escuché la voz de una mujer que me decía al oído: “ Dios si cumple sus promesas” Y me despertó, no sé decirles quien fue,( yo vivía sola con mis 3 hijos pequeños) pero estoy segura que fue nuestra Mamita María, en ese entonces yo le rezaba todos los días su rosario, esa fue la segunda señal que Dios me daba.

Para ese entonces yo comencé a soltar a mi marido a dejar de celarlo, de llamarle, de pensar con quien y que está haciendo, él iba casi a diario a ver a sus hijos, pero distanciado de mí, yo le ofrecía de comer, café etc., y trataba de no pelear aunque el hiciera cosas que nos lastimaban, ya saben las estrategias del enemigo son las mismas, pero Dios es más grande que todo eso, sentía ya una paz que nunca había sentido, comenzaba a aceptar sin miedo todo lo que viniera.

Mi esposo comenzó a cambiar, decía que me quería mucho como a la mamá de sus hijos, que nunca nos iba a dejar solos, que siempre estaría pendiente de nosotros y lloraba por el daño que nos hacía, y así; un día casi decía que ya regresaba, al otro demostraba que me odiaba, era tal vez ya la lucha en su corazón entre el bien y el mal y no les miento a veces si llegaba a desesperarme por un rato y a pensar que pasaría si hacia algo que supuestamente no fallaba y que consistía en encender unas velas de varios colores, perfumes y decir unas oraciones para que regresara y odiara a la OM, pero en mi interior sabía que eso me alejaría de Dios, que era totalmente contrario a su Voluntad y que si se daba no sería un regreso sincero, aun así la persona que me lo recomendó insistía mucho y varias veces estuve a punto de ir a comprar esas cosas pero no lo hice, preferí la Voluntad de Dios y su tiempo y ya ven, El es el que no falla, hasta llegué a pensar en correrlo y pedirle que no se acercara más a la casa, pero Dios no lo permitió por su bendita misericordia y porque yo le pedía que el dirigiera mis acciones que se hiciera en mí su Voluntad.

Empecé a orar más por él porque sabía que estaba sufriendo, después comenzó a ser más cariñoso con nosotros y un poco menos intolerante, antes todo le molestaba de nosotros, después nos fuimos a mi pueblo de vacaciones en diciembre mis hijos y yo, allá dejé de orar, de rezar, y casi caigo en la trampa del enemigo, ya saben otra persona, un ex novio que ‘aquel’ envío, quería acabar perfectamente su obra, el me pedía que me divorciara para que nos casáramos (no les miento si llegué imaginarme) pero le dejé claro que jamás pediría el divorcio.

A mi regreso mi esposo se dio cuenta de esto, se enojó mucho, me trató de hipócrita con justa razón, ¡pues él sabía cómo yo estaba luchando por el! yo creí que era el fin de todo, de mi lucha, mi familia, pues él se imaginaba que yo estaba comenzando una nueva relación, le expliqué que no era lo que él creía, pero saben que para los que amamos a Dios todas las cosas obran para bien, pues me dijo que no soportaría verme con otro hombre y después de 2 días nos buscó, pero ahora era mucho más cariñoso, se pasó todo el día con nosotros y me dijo 2 cosas que jamás creí que volvería a escuchar de su boca: “que me amaba y que nunca dejó de hacerlo”, ¡no podía creerlo!.

Al otro día me dijo: “que quería regresar a casa”, que le diera tiempo para terminar con la OM y de arreglar todo, yo le dije que se tomara el tiempo necesario y que lo pensara muy bien que era lo que quería, porque ni los niños ni yo éramos sus juguetes y que me haría a un lado de su vida para no confundirlo (porque para ese tiempo yo era su ‘amante’) ¿irónico no? Pero así me sentía a pesar de ser su esposa por todas las leyes, bueno yo recordaba lo que decían las personas en sus testimonios que como su restauración a mí también me pasaría y yo lo veía tan lejos y no les miento llegué a pensar que tal vez nunca se daría (pido perdón a Dios por eso).

Después de esto al día siguiente regresó a casa, aun a veces lo veo pensativo, serio, a veces me huye, son las patadas de ahogado del enemigo que aún no lo deja, seguiré orando por el para ‘salvarlo’ y para salvarme a mí misma de volver a destruir el matrimonio que Dios decidió para nosotros. sí cambié mucho creo yo, ya no me enojo con facilidad, los celos se han ido, no peleo, soy más paciente, ya no tengo miedo, se quien está conmigo siempre, quien es capaz de dar todo por mi sin esperar más que amor, obediencia y fe.

Bueno el último sueño fue más o menos 15 días antes del regreso de mi esposo a su hogar, caminaba yo por un túnel oscuro y al llegar al final ahí estaba mi Jesús con una luz impresionante, no recuerdo su rostro pero sé que era el, tal vez me anunciaba la victoria en esa batalla, que estaba por terminar, pero ahora ha comenzado otra con él en casa. Aprendí que la Voluntad de Dios es maravillosa, su Misericordia es impresionante, que debemos rendir nuestra vida a El y lo menos que podemos hacer es amarlo, serle fiel, obedientes, y creer en el ciegamente, aprendí que las personas no son nuestros enemigos por lo tanto no debemos odiar a nadie y si alguien nos hace daño, debemos orar por esa persona, porque responder de la misma manera hace más daño no solo a nosotros mismos sino a todos a nuestro alrededor, que es lo que quiere el enemigo.

Deseo la restauración de sus matrimonios a todos, oro por todos y cada uno de ustedes, sé que se dará en el tiempo perfecto de Dios, por favor ¡no desistan!, no renuncien a Dios y a la promesa que le hicieron a él y a su conyugue!, amen mucho a su familia después de Dios, yo amo mucho a mi esposo, sin él mi vida no sería igual. ¡Gloria a Dios!.

Reflexiona:

¿Qué aprendiste con este testimonio? (haz una lista)
¿De lo que leíste acá que te sirve a ti? (haz una lista)
¿De la forma como estás encarando tu lucha, ¿con base en este testimonio que debes cambiar? (haz una lista).

  Después de esto, manos a la obra: mucha conversión y cambio mucha oración y batalla espiritual mucha intercesión por tu cónyuge, terceras personas, familiares, y amigos que son un obstáculo en la restauración mucha intercesión por todos los matrimonios en crisis y los hijos de los matrimonios.

TESTIMONIO DE RESTAURACIÓN MATRIMONIAL

 

TESTIMONIO DE RESTAURACIÓN MATRIMONIAL

   Les voy a relatar mi testimonio para que Dios en su infinita Misericordia pueda hacer el milagro en sus vidas y en sus matrimonios.
Nuestro hijo mayor me habló una mañana del mes de septiembre del año 2009, estaba próximo a contraer matrimonio, y en su semblante pude ver la angustia y desesperación, me abrazó y me dijo: “No puedo más, mamá, mi papá anda con otra mujer”. Me quedé estupefacta, un cúmulo de sentimientos agolpó mi mente, quedándome inerte, sin habla, y sentí que una espada atravesaba mi corazón, no sabía qué era lo que vendría después. Nuestros tres hijos sabían todo, porque nuestra hija había descubierto mensajes en el celular, los cuales lo delataban del sentimiento que tenía hacia ella.

  Empezó la más grande pesadilla de mi vida, ¿qué hacer ahora? ¿Cuál sería el paso a seguir? viendo que mi hogar se derrumbaba. Mi corazón latía rápidamente y me temblaba todo el cuerpo y con mucho frío. Cumplíamos ese año 2009 el 6 de octubre 30 años de casados, empecé grabándole un cd de nuestras canciones de amor, y la que más me hacía llorar y me desgarraba el corazón era la de no puedo estar sin ti de Rosana, que dice: “No quiero estar sin ti Si tú no estás aquí me sobra el aire No quiero estar así Si tú no estás, la gente se hace nadie Si tú no estás aquí no sé qué diablos hago amándote Si tú no estás aquí sabrás que Dios no va a entender por qué te vas”…Descubrí que lo que a mi esposo le molestaba era que yo no lo valorara, sin pensarlo no me di cuenta, que yo lo menospreciaba delante de mis hermanos.

   Empecé a tener un desgaste porque no sabía cómo rescatar a mi esposo y como rectificar mi error. Yo le insistía en que No me dejara, que me respetara, que él era el amor de mi vida. Pero le envolvía una obsesión muy grande por ella, que por un oído le entraba y por el otro le salía, eran palabras vacías y sin sentido. Busqué ayuda en distintos lugares, retiros, psicólogos, amigas, amigos, sin encontrar nada claro.

  Un Sacerdote/psicólogo me dijo: “eso si tiene arreglo”, el hombre por naturaleza es machista y para Dios no hay nada imposible. Me enfermé y aún sigo mala del corazón, tengo taquicardia que no ha querido ceder, pienso que es por el desgaste emocional que tuve ir al cardiólogo y me dio más medicina, le pregunté que si uno tenía problemas de pareja, que si eso afectaba el corazón, el Doctor me contestó: “Por allí deberíamos de ver empezado.”

  En las noches no dormía, y pasaba horas de horas dándole vuelta a la situación tan martillante en la mente y con el corazón latiendo fuertemente, llorando, rezando, confundida en el silencio, donde las horas se hacían eternas. Y cuando mi esposo se levantaba y se daba cuenta de que estaba despierta me regañaba, y me decía dormite, daba la vuelta y me hacia la dormida, quieta, sin ningún movimiento para que ya no siguiera con el enojo. Y yo me repetía ese no es mi esposo, es el enemigo quien le pone esas palabras groseras para mí. Las mentiras que él me decía, yo las descubría sin querer, los cientos de mensajes para ella, era cada uno un latigazo para mi mente y mi corazón, y cuando yo lo veía manipular el celular era como que se me desgarrara el alma, me temblaba el cuerpo y con escalofríos sin poder decirle nada para que no se pusiera enojado. Era grosero con sus palabras y eso me hacía sentir el ser más despreciado del mundo, me sentía con una enorme baja autoestima, me sentía fea, gorda, depresiva, humillada, desconfiada, maltratada, su voz muy fuerte me resonaba en mis oídos, etc. Que enfermizo se vuelve todo hay una desconfianza de todo.

  Otro tema el económico, el gastaba con ella lo que no gastaba en mí. Y dejó unos meses de ir aportando cada vez menos al hogar. Perdí el deseo de ser hacendosa en la casa, y cada día decía que este sufrimiento no iba a ser eterno y contaba los años que podrían quedarme de vida, para poder soportar el intenso dolor.

  Como mi lucha era desordenada no podía esperar que todo se compusiera en nuestro hogar, Jesús quería ver mi cambio primero, luego llegó a mi vida la página de JSMF y entonces empecé lucha intensa, me dediqué a seguir los pasos uno por uno, Y me propuse salvar nuestro matrimonio aunque eso me costara la vida, yo no podía romper la promesa y decidí agarrada de la mano de Dios, sacar a mi esposo del fango en donde había caído.

Lo que hice fue lo siguiente:

1. Empecé por confesarme.

2. Luego empecé a orar más intensamente como debería de ser.

3. Me propuse un ayuno todos los días hasta las doce del mediodía, y como la tristeza me vencía, hasta se me olvidaba después comer.

4. Mi penitencia fue quitarme el chateo con mis amigas, que tanto me hacían falta porque con ellas compartía mi pena. Esa penitencia me quitó también que por el gran desaliento que uno pasa, sin querer o con querer uno hecha peste a su esposo, que es lo que más quiere el enemigo que uno haga.

5. Sacrificio de no contestarle nada a mi esposo, aunque me estuviera muriendo por todo lo que me decía.
Confieso que hubo dos o tres veces que si me le dejé ir encima lastimándolo, era la desesperación más grande que me ponía el enemigo y entre más hacia eso, más lo alejaba de mí. Sentía morir, lloraba desesperadamente, y él más se enojaba al ver mi llanto, amanecía con un dolor terrible en mi cuerpo y en mi alma, los ojos hinchados de tanto llorar, y sin embargo a sobreponer fuerzas para ir a la oficina a trabajar. Trabajaba sin deseos, cometía errores que me costaban regañadas de mis jefes, ya no podía, no sentía fuerzas. Mi hija me decía mamita si tú no eras así, tú antes nos dejabas comida, y mantenías la casa más arreglada que te pasa. Deja que mi papá se vaya. Me sentía más hecha pedazos.

6. Visitas frecuentes al Santísimo Sacramento, le pedía que me ayudara a sanar mis heridas y el sentimiento de mi esposo por la OM.

7. Iba a Misa cada vez que podía y sobre todo el domingo.

8. Rezo aún la Corona de la Divina Misericordia, para que nos siga protegiendo.

9. Rezaba el Rosario a nuestra Madre para que intercediera por nuestro matrimonio, hasta lo hacía dibujado en un papelito como no podía de otra manera en la oficina, me ponía como si estuviera escribiendo, pero yo estaba rezando y pintando cada Avemaría con una flor.

10. Le impuse manos a mi esposo cuando estaba dormido, yo no sabía cómo hacerlo, pero leí que cuando uno lo hace de corazón siempre llega la oración a Jesús y María.

11. Le echaba agua bendita en la cama, en sus zapatos, en sus celulares, en su ropa. Etc.

12. Reprendía en la oración al enemigo en el nombre de Jesús para que saliera de nuestro hogar.

13. Otra cosa que hice fue que una amiga me ofreció rezar todos los días a las 10 de la mañana una décima del Santo Rosario por la OM y me dijo hagámoslo juntas para que tenga más poder. Hincada en el baño de mi oficina todos los días me encerraba para llevarlo a cabo.

14. Cada cinco minutos venía a mi mente lo que nos pasaba, entonces me ponía a decir jaculatorias, cada vez que se me venía el pensamiento a mi mente de que mi esposo podía dejarme. Y pensaba que ella tenía posibilidades económicas para ofrecerle a él de todo.

15. Todo el día me pasaba orando, en medio de mis quehaceres diarios de mi oficina, viendo mensajes positivos, videos de YouTube y me enamoré de Jesús para no bajarme de la cruz y rescatar a mi esposo de esa batalla contra el enemigo. Me enseñaron a que la batalla no era en contra de mi esposo sino en contra del enemigo, razón por la cual hice con mi esposo lo siguiente: Le atendía con su comida, aunque sabía que el venía de otro lado. Trataba de obedecerlo en todo, sin reclamos, ni comparaciones con nadie. Le daba cariño y amor cuando él se dejaba. Le lavaba sus pies. Lo valoré más que a mi vida misma. Trataba de callar para no pelear ni discutir nada. Y traté de organizar algún viaje los dos solos para enamorarlo. Me arreglo siempre para él, como a él le gusta, sexi, coqueta, etc.

  En medio de mi lucha de todo lo que hacía, aún mi esposo me dijo que se quería divorciar, me confesó directamente que tenía un sentimiento fuerte por la OM, no sé cómo pude aguantar ese puñal tan fuerte en mi corazón, fue Jesús que me sostuvo con sus clavos en la cruz, y pensar como Nuestra Madre María pudo ver a su hijo colgado de una cruz, logré aguantar, porque yo por mis propias fuerzas no hubiese resistido. Y le dije: Yo te voy a ayudar, porque yo tenía fe que ya Jesús de la Divina Misericordia y María Santísima estaban conmigo en la lucha. Eso que le dije, entre todo lo que hacía para rescatar mi matrimonio, fue esencial para que mi esposo decidiera decir un “Basta ya” a su relación y comprendió que solo con sus fuerzas no podía salir, sino contando con Jesús y con mi apoyo.

  Le había conseguido un retiro al cual hizo el intento de ir, pero no fue, yo sentía que la tierra me tragaba, pero me aguanté y le dije: Amor aún no es la voluntad de Dios, para que vayas, ya será en otra oportunidad. Yo sabía que el enemigo estaba jugando con nosotros aún. Coincidió con la Semana Santa, no sabía en qué momento el sacrificio daría resultado, pero me agarré fuertemente de la mano de Jesús y María Santísima nuestra madre. No me imaginaba la grandiosa sorpresa que me tenía preparada Jesús, terminé el ayuno el viernes Santo, y junto con mi esposo morimos con Jesús el viernes Santo y volvimos a la vida, el Domingo de Resurrección. Me propuse con todas mis fuerzas a rescatar a mi esposo de las garras del demonio y poniéndome la armadura para ganar la batalla con la certeza que Dios cumplía sus promesas. Mi esposo se fue a confesar el martes Santo, y luego hizo toda la semana ayuno y dejó tirado el sentimiento que tenía por la OM, y resucitamos juntos con Jesús el Domingo de Resurrección. Se llegó el tiempo del nuevo retiro que le había propuesto y asistió lleno de gozo y salió como un hombre nuevo, nuevo en Cristo, que ahora está asistiendo a un Curso de Predicación y dando también una clases de Biblia, puesto que mi esposo además de ser Ministro de la Eucaristía es agente de pastoral.

   El enemigo ataca más a los que estamos involucrados en la iglesia, pero no nos dejemos vencer en estas pruebas porque luego viene la ganancia en Cristo Jesús. Hermanitos en Cristo: ¡sigan adelante en la batalla!, sin reprochar a sus esposos y perdonando de corazón y sin bajarse de la cruz, que luego permitirá la bendita restauración de sus hogares y vivirán como yo el vino nuevo del amor, porque los segundos vinos son los mejores.
¡La Gloria y la honra sea para Jesús y María Santísima!.

ANIMO DIOS TODO LO PUEDE

 

ANIMO DIOS TODO LO PUEDE

  Cuando estaba en la crisis, siempre solía darme ánimo imaginando el día que escribiría mi testimonio para todos ustedes y poder decir con toda seguridad: “Animo Dios todo lo puede”. Mi esposo siempre fue un hombre respetuoso y en general muy juicioso. Se decía que era yo la que no lo quería (nunca era cariñosa con él). Llevábamos 16 años juntos y más o menos 3 en crisis, hasta el 7 diciembre de 2011, cuando decidimos en común acuerdo separarnos.

  Tenemos dos hijos: una hija de 18 años y un hermoso bebé de 4 años. En esa ocasión dolió el fracaso, pues siempre pensamos que viviríamos juntos hasta viejitos, eso solíamos decir. Antes de separarnos nos preguntamos si valdría la pena continuar por nuestro bebé, pero mirándonos el uno al otro, en definitiva pensamos que lo mejor era la separación.

  Él se fue para otra ciudad, a 5 horas de nosotros. Hablábamos todos los santos días y como el 20 él me preguntó que si no íbamos a ir a pasar la navidad con él y yo lo vi normal como amigos, además de que al bebé le afectó mucho la separación. (Pues él es un padre entregado y juega mucho con el niño). Entonces mi esposo pelea por algo que ya no recuerdo y me vine para mi casa. Seguimos separados, pero igual hablábamos todos los días y cualquier cosa que él o yo necesitara, siempre nos ayudábamos. Él estuvo muy pendiente de nosotros.

  En marzo empezamos a hablar sobre la posibilidad de volver, pero ya él estaba cambiando. Es algo que no entiendo hasta el día de hoy. Pienso que sólo Dios sabía lo que pasaba, porque me decía que quería volver conmigo, pero sus actos decían lo contrario. Viajamos nuevamente para vacaciones de semana santa y él estaba muy raro conmigo, lo que a mí me produjo mal genio y decidí ignorarlo. Mi hija fue la que nos habló a los dos y nos preguntó por qué nos comportábamos de esa forma, pues se notaba que los dos nos queríamos, que éramos personas muy buenas y que merecíamos ser felices juntos. Nos propuso que fuéramos a una terapia de pareja y mi esposo dijo que sí. Yo quería volver con mi esposo, pero no ponía mucho de mi parte y esperaba que él hiciera algo.

  Mientras tanto, nuestros hijos estaban sufriendo. Nunca me imaginé que pudiéramos hacer algo para dañar a nuestros hijos. Mi esposo vino a visitarnos a finales de abril; él estaba muy distante, fue la primera vez que me pasó por la cabeza que él pudiera tener otra persona, pero como en 16 años no había sucedido, no me dejé llevar por suposiciones y le pregunté; me dijo que no. Fuimos a hablar con un padre católico para que nos guiara, pero nos dijo que veía que nosotros ya no nos amábamos, que si volvíamos era por obligación y que Dios quería que fuéramos felices. También dijo que se nos notaba que ya no éramos felices y que lo mejor era que siguiéramos separados. Eso fue lo peor, yo me confundí mucho y mi esposo se clavó esas palabras. Hablamos sobre nuestros defectos, sobre lo que nos hizo caer en esta situación y él me dijo que yo nunca lo había querido. Eso me dolió mucho, pues no era así. Me dijo que yo era muy egoísta. En fin, él se volvió a ir y no sé por qué, pero para mis hijos esta partida fue peor… Lloraban mucho, mi hija no salía, no hablaba, todo era muy triste.

  Entonces un día decidí hablar seriamente con mi esposo. Le dije que si íbamos a volver, teníamos que tomar la decisión y que obviamente él tenía que volver lo más pronto posible. Me arriesgué y le dije si no estaba aquí para el 12 de mayo, día de las madres, yo daría por entendido que él no quería volver conmigo y que dejaríamos todo así. Mientras, yo en mi casa oraba y le hice una promesa a Dios, que si él volvía, yo cambiaría y tomaría sus reclamos en cuenta.

  El volvió, pero no era mi esposo, era otra persona. Es difícil de explicar porque durante tres meses aparentemente éramos la pareja ideal, pero yo sabía que algo pasaba y como todo estaba aparentemente bien, no sabía qué hacer. Muchas veces le pedí que no me engañara, que me dijera si él había tenido a alguien y siempre me lo negó, hasta que un día estábamos hablando y timbró su celular; él se puso muy nervioso y canceló la llamada. Fue ese día cuando me confesó llorando que estaba enamorado. Sentí como si me hubieran clavado una daga en el corazón. Él no me dijo que tenía ni tuvo otra, me dijo llorando: “¿qué hago si me enamoré y ya no te quiero?”, pero no te quiero hacer daño”. Desde ahí comenzó mi suplicio; él se cambió de habitación, escondía el celular y lo colocaba en silencio; a veces lo pillábamos hablando a escondidas; fue horrible. Hablábamos y hablábamos pero él siempre decía lo mismo: “¿qué hago si ya no te quiero?” La situación con la llamadera de la OM se volvió imposible. Comencé a decirle a mi esposo que era mejor que se fuera si seguía así.

  El 12 de septiembre se fue. Sentí que me moría de tristeza, de desilusión; siempre me pregunté lo mismo: ¿por qué volvió?, ¿Para qué? Habría sido mejor que nunca hubiera vuelto. Esa noche no podía dormir, sentía una tristeza muy grande y pensé que sólo Dios me podría entender, entré a internet y comencé a buscar meditaciones y fue así como conocí la página de Jesús Salva mi Familia!. ¿Cómo? no sé, la verdad es que simplemente estaba buscando y apareció esta página maravillosa, entré al chat, y desde ese momento empecé a entender muchas cosas (yo pensaba que ya no amaba a mi esposo).

  Decidí luchar, le presenté la página a mi hija y ella me apoyó. Comenzamos a rezar el rosario de la liberación, a leer la palabra, y a seguir al pie de la letra todas las indicaciones de la página, cómo no hablar mal de tu conyugue (así sea cierto), y que orar por la OM es muy importante. Cuando me daba rabia o tristeza doblaba mis rodillas y era tan maravilloso sentir a mi Señor, cómo me levantaba, no importaba, mientras más triste me sentía, más oraba y con el pasar de los días dolía, pero nunca igual porque cuando oras ya no tienes miedo, ya no te sientes solo y sabes que algún día tu recompensa llegará. Leer los testimonios me hacía llorar y como les dije, sólo me imaginaba el día en que yo estuviera escribiendo el mío. ¡Gloria a Dios!

  Fui tan bendecida que tuve la fortuna de ir al congreso que se realizó el 3 de noviembre en Bogotá. Hasta el día de hoy, doy gracias a Dios por haberme llevado hasta esto, aprendí tanto, comprendí tantas cosas, como: que hay que perdonar, hay que preocuparse por hacer feliz a tu pareja y que siempre en el medio, debe estar Dios. Durante todo el proceso, tenía bajones porque leía muchos testimonios de personas que llevan mucho tiempo esperando la restauración de su hogar y yo no me veía esperando tanto tiempo. Comencé también a pedirle a Dios que si su Voluntad era que tenía que esperar mucho tiempo, sólo me diera fortaleza para no darme por vencida y botar todo, pero como les dije, lo mejor como dijo un padrecito en el congreso, es que entre más dura sea la batalla, mejor se pone, es cuando más debes ir ante el Santísimo, orar, orar, orar y tener la seguridad de que Dios todo lo puede y escucha nuestras oraciones.

  Amigos, mi esposo me dijo que nunca volvería conmigo, que él no podría volver a consentirme, que uno se enamoraba de cualquier persona menos de la ex esposa, que era imposible restaurar tanto dolor y que además él me conocía y sabía que yo nunca le perdonaría la mentira. me lo dijo de todas las formas que ustedes se puedan imaginar y yo siempre le respondí lo mismo: eso no lo sabes ni tú ni yo, solo mi Dios sabrá lo que va pasar con nosotros y yo haré su Santa Voluntad.

  ¡Gracias a Dios mi esposo volvió! el 3 de diciembre y hasta el día de hoy, aquí vamos dando la lucha y les cuento no es fácil porque a veces el enemigo me trae malos recuerdos a mi mente, pero no me dejo ganar, todos los días ¡Le doy gracias a Dios por haberme devuelto mi familia!. Cuando abrazo a mi esposo, siempre le doy las gracias a Dios. EL me prometió restaurar mi hogar y yo no le puedo fallar!!… gracias amigos, la lucha es con el espíritu, eso está claro. Amén! amén! amén! bendiciones y seguiré orando para que en el proceso, mi Dios les de fortaleza. Recuerden: ¡No estamos solos!, somos hijos de un Rey, príncipes y princesas arriba. ¡El tiempo de Dios es perfecto!

RESTAURACIÓN DE UN HOGAR, POR LA PERSEVERANCIA, CONFIANZA EN DIOS Y DEVOCIÓN AL SANTO ROSARIO NIDIA.

 

RESTAURACIÓN DE UN HOGAR, POR LA PERSEVERANCIA, CONFIANZA EN DIOS Y DEVOCIÓN AL SANTO ROSARIO NIDIA.

Para ver videos del testimonio Haga clic aquí Video Testimonio de restauración matrimonial Nidia y Carlos Mauricio (haga clic aquí)

PARTE 1:

Queridos amigos, amigas, soldaditos todos de Cristo: Hoy para la mayor ¡Gloria de Dios! puedo dar fe pública de los milagros y prodigios que Dios ha obrado en mi hogar, 3 años y 8 meses luego de un divorcio doloroso y de muchas pruebas de fe, solo ese tiempo necesitó nuestro Dios todopoderoso y nuestra madre del cielo: 1) Para cambiar y sanar mi corazón y hacer de mí una nueva esposa. 2) Creo que necesitó menos para tocar el corazón de mi amado esposo, estoy segura.

Ayer en la tarde, día del Evangelio del hijo prodigo, día del Señor de los Milagros y tercer día de la novena de San José, ¡Mi esposo volvió a casa!. No imaginan las lágrimas de alegría y de amor de todo este proceso, luego con la ayuda de Espíritu Santo les contaré el caminar en las manos de Dios y vida en el camino de la fe, solo la fe nos dará la victoria. No por vista, por fe!

¡Gloria a Dios Todopoderoso, Gloria a su Hijo Misericordioso, Gloria al Santo Espíritu! que cambió mi corazón y mi vida y me guió, ¡Bendita sea la Excelsa Madre de Dios, María Santísima y su Inmaculado Corazón que venció! A mi santo patrono el padre Pio, a mi Santo Ángel de la guarda, Gloria y honor. Gracias a todos por cada oración, por cada plegaria, por cada palabra de aliento a toda la familia JSMF, gracias. Sigamos de rodillas, me ofrezco de por vida a estar de rodillas por todos y cada uno de sus hogares hasta que el último sea restaurado. Para Dios no hay nada imposible, nada. Confiemos sin dudar que Dios es el único que hace posible lo imposible. San José, ¡gracias! Porque trajiste de tu mano de padre santo y esposo santo a mi esposo a su hogar de ¡nuevo! Sé que esta novena habrá muchos milagros de San José.
PARTE 2: VIDA EN FAMILIA

Es el primer día juntos, como familia con mi amado esposo y nuestros dos hijos, ¡Bendito sea Dios!. Empiezo mi historia en julio del año 2009, una pobre mujer llena de rabia, resentimiento, ira, dolor, angustia, llevó a su propio esposo hasta una notaría para firmar el papel más horrendo y la mentira más grande que el enemigo nos ha dicho: El divorcio. Ella segura de sí, llena de soberbia y orgullo, creía entonces que pondría fin a 14 años de sufrimiento (entonces estaba llena de rabia, por todas las ofensas que mi esposo amado me había proferido, jamás lo había perdonado, aun las cosas más pequeñas se veían inmensamente grandes ante mi dolor, el enemigo se encargaba entonces de agrandarlas para mover mi mano y mi corazón a la destrucción de mi propio hogar. No te preocupes, me decían (amigos, hermanos, etc.) tu sola puedes salir adelante, no eres fea, eres profesional, etc., mentiras y más mentiras que embotaron mi mente y mi corazón, entonces solo escuchaba la voz del mundo…Pobre mujer, perdida totalmente en el mundo…Con sus oídos abiertos al mundo totalmente. Quien sino mi dios y mi dueño mi miraba con amor? El me miraba y me dejaba, pero jamás me abandonó.

Al mes del divorcio, (cuando se pensaba que debía estar “libre” de ese yugo), empezaron las propuestas de amigos, pretendientes, hombres enviados por el enemigo para hacerme perder totalmente, ya la puñalada estaba dentro, la sangre de mi hogar caía rodando en las lágrimas de mis amados hijos (entonces 13 y 7 años), y yo llena de resentimiento: “se lo merece” pensaba yo… “que aprenda, eso sí quien lo mandó”… “Si va a ser feliz con otra pues dejémoslo”… el amor está muerto, etc. Mentiras y más mentiras del enemigo. De todas partes me venían al pensamiento…

Entonces cuando ya estaba enfilando mi andar hacia el despeñadero (Por fin un pretendiente como ninguno, lleno de toda la mentira que el enemigo pudo imaginar, era casi perfecto.) Apenas empezaba a “darme otra oportunidad” vino a mí como una noche oscura… Clamé al Señor y El me respondió: “Señor, ten compasión de mí, ayúdame” Una noche entera llorando. En mi interior amaba a mi esposo, no quería reconocerlo, y la idea de estar con otro hombre me asustaba. Confieso, no estaba tan lista después de todo para el mundo, aunque lo parecía todo. Esa noche, el Señor me invitó en su Palabra a la confesión, (salmo 50).

Al día siguiente como un sediento a punto de morir en el desierto corrí a buscar la confesión… El padre me dice: (entre otras cosas publicadas en JSMF) “¿si tu esposo tuviera cáncer lo abandonarías?” Yo dije “nooo.” Y me dijo el padre: Pues lo que tiene ahora es peor que un cáncer, no lo abandones, ora por la salvación de él, está a punto de ir al mismo infierno y tú también si te dejas llevar por el mundo, y llevarán a sus hijos. Pide a Jesús que salve tu familia… Él está contigo y la Virgen también, hay esposas que van al cielo en helicóptero, otras como tu deben hacerlo de rodillas. El cielo se abrió para mí en esa confesión, vi el amor de Dios y de paso mis pecados, mis muchos pecados…Bendito sea Dios.

Seguí mi sesión de confesiones casi 6 meses, “abandoné” a mi esposo, no lo volví a llamar, silencio, por meses y meses, silencio interior y exterior, igual él nos abandonó, casi no llamaba, se desapareció un buen tiempo, como 8 meses. ¿Qué hice? Misa diaria, confesión frecuente, lo perdoné, y desde el primer día: rosario diario, los que más podía (mi santo patrono es el padre Pio y leí que el rezaba más de 30 rosarios al día para vencer al maligno. Así que los que alcanzara los rezaba todos, a donde iba y venía recé las Ave Marías.

Empezó a llegar la sanación a mi corazón herido, Dolorido. El Señor me regaló una promesa: “Quizás fue alejado de ti por algún tiempo para que lo recuperaras para siempre” y entonces encontré a JSMF, éramos los primeros de esta odisea que se veía imposible y por fe empezamos a animarnos a caminar juntos Y encontré a mis soldaditas, Dios escuchó mi primera oración y vino a socorrerme con prisa.

PARTE 3:

Luego que el Señor me hizo ver mis pecados que eran mayores quizás de los de mi amado esposo, que creía estar feliz en los brazos de otra mujer, mi corazón empezó a cambiar por la acción del Santo Espíritu. Mientras mi amado esposo creía vivir las mieles del amor del mundo, yo durante todo ese tiempo, lo dejé en las manos de Dios, y busqué a mi Señor, en cada rostro, en cada persona. Lo encontré, me enamoré perdidamente de mi Señor, mi Jesús, mi amor, mi vida, mi amigo, mi confidente y ese amor, me sacó a flote. Ya no miré más los pecados de mi esposo, ni siquiera me ponía a pensar en lo que hacía, solo lo miraba (cuando podía verlo) y sentía mucha compasión y amor por él. Después de todo Jesús me había mirado con amor a mí, ¿cómo no mirar con amor a mi esposo? ¿Quién me creía yo para juzgarlo? ¿Para decirle bien o mal? Entonces estas palabras llegaron a lo más profundo de mi corazón: “El que se ensalza será humillado y el que se humilla será enaltecido.” Jesús colgado en la cruz me mostró el camino: La humildad y el amor.

Una vez escogido ese camino, mi vida de verdad cambió, les digo a todos, es posible, Dios lo hace posible, si mi esposo me humillaba con las palabras del enemigo, me sentía feliz, porque podía padecer un poquito lo que Jesús sentía, lo ofrecía a Dios con amor, si me rechazaba “Gloria a Dios”, así se sintió Jesús y se siente cada vez que un alma lo rechaza, “Dios mío perdónanos, si me hería (por mi orgullo) “Bendito sea Dios”, “gracias porque así me enseñas a ser humilde Señor, solo así, no hay otro camino de la humildad que la prueba”.

Entonces queridos hermanos, cada ofensa cada dolor son los momento bellos y adorables para ofrecer a nuestro Jesús que salvará nuestras familia. Hermanitos que estén tristes, sientan que Jesús está más triste de verlos tristes, Jesús está con nosotros siempre, en cada tristeza en cada alegría, en cada dolor, es Jesús que sufre, espera, ama, es Jesús nuestro amado Jesús. Hermanos queridos de JSMF, el sufrimiento es necesario, pero poderoso, muy poderoso, no lo perdamos, ofrezcan a Jesús todo. Si mi esposo llamó o no llamó, ofrézcanlo a Jesús, si mi esposo no me llamó del cumpleaños, pásenla con Jesús y ofrézcanlo a Él, cuantas almas serán salvas por ese sufrimiento. No sabemos si mi esposo me dice cosas feas (no es él) entonces cada palabra llévenla a la cruz del Señor. Jesús te amo te ofrezco estas palabras, salva mi familia, si no llama a los niños, ofrézcanlo a Jesús. No perdamos nada hermanitos Jesús salvó mi familia y salvará la de todos nosotros, la de cada uno de ustedes, tengamos fe y seamos obedientes, todo por Jesús y para Jesús, es el mayor milagro.

Pasaron dos años, duros, de ausencias largas, mentiras del enemigo, pruebas, dolores, desencantos, tribulaciones económicas, etc., normal, porque el precio de esa alma de mi esposo la mía y la de nuestros hijos valió la sangre de nuestro Jesús, cada prueba cerca de la restauración más grande que la anterior, perdí mi empleo, en el mes de mayo de 2008, bendito sea dios por quitarme ese empleo, ya que luego un año y 8 meses después me llevó por providencia y milagro suyo a trabajar con mi esposo en la misma oficina (la mujer era de la oficina de él).

Cualquier día del mes de septiembre de 2008, mi amado esposo llegó a la casa a decirme: “me voy a casar con esa mujer por lo civil” claro yo, le sonreí y agradecí a Dios por esa prueba porque sabía que mi Dios estaba conmigo, solo lo abracé y le dije: “Mi amor, pide a Jesús que te ilumine para que hagas la voluntad de Dios, y si esa es la Voluntad de Dios todo saldrá bien…“Yo oraré por ti mientras para que Dios te ilumine”. ”Sabes que sigo orando por ti, cuenta con mis oraciones”. Luego lo invité a cenar con nosotros y los niños. Entregué al Señor esa pena de mi corazón y queridos hermanos hoy les doy testimonio: de que el ¡Amor de Dios todo lo puede!, todo lo sana, todo lo derrite. Puse mi confianza en Dios y ¡El me Salvó y me devolvió a mi esposo!.

Finalmente ese matrimonio civil no se llevó a cabo. ¿Por qué? ¡Porque para Dios no hay nada imposible!, nosotros no podemos ayudarle a Dios, lo que Dios más ama que le demos es nuestra fe y confianza infinitas. ¡Bendita prueba!, ¡bendito milagro!, para entonces mi alma ya es toda de Jesús y María, estaba lista, porque venían las pruebas más duras. Para prepararme el Señor y nuestra madre del cielo me llevaron a la consagración a su Inmaculado Corazón el 2 de febrero del año pasado. Ya estaba trabajando en la misma oficina de mi amado esposo, tres pisos abajo. Ya se imaginaran lo que pasé…. Fue duro, muy duro, pero yo miraba a mi madre y le decía: madre todo por mi Jesús, llévale estas lagrimas a Jesús
Por favor, dile que lo amo, y que no importa lo que venga. Con su ayuda nuestro hogar será salvo. Pedía la gracia de Dios a cada momento (para callar, para perdonar a cada instante, para amar y ser amable con mi esposo) cuando me lo encontraba en los corredores, me palpitaba mi corazón.

¡Gracias Señor porque sé que fue un milagro! que me hubieras quitado ese trabajo donde me pagaban buen dinero, para llevarme al sitio donde he recibido la mejor paga de todas: ¡mi hogar salvo! Gracias Señor porque aun en la oscuridad confié en ti. Ya que mi propio esposo no podía almorzar conmigo, pues invitaba a Jesús y me iba a una capillita a visitar a Jesús en el Santísimo Sacramento… Qué manjar…. Gracias Señor por poner esa capillita en mi camino, sabías todo lo preparaste todo, gracias. Un día le dije: “Jesús algún día estaremos mi esposo y yo aquí de rodillas en esta capillita” y eso se hizo realidad como en el mes de septiembre De 2009.

Nos encontrábamos en la misma ruta de la oficina, yo sonreía al verlo en silencio, le hablaba a Jesús de él, y solo le sonreía y lo bendecía, gracias Señor. Para entonces desde que llegué a esa oficina, me dediqué a extender el amor por el Santo Rosario nuestra arma poderosa.

El 13 de mayo de 2009 mi propio esposo me ayuda a organizar el Santo Rosario. Yo lloraba de alegría, porque Dios hace posible lo imposible. Sin embargo seguía distante (como un amigo diría el), pero el amor a la Santísima Virgen lo atrajo ese día y estuvo en el rosario… Lejitos el uno del otro, pero cerquita de Jesús y María. El 8 de octubre día de la virgen del Rosario, fue uno de los tantos milagros, mi propio esposo me dice: “¿vamos al rosario?” ¡Gloria a Dios gritó mi corazón!, “Claro que vamos”. Y estuvimos de rodillas orando el Santo Rosario en unas jornadas que organizó la parroquia. ¡Gloria a Dios!.

Avanza el tiempo, el 8 de diciembre día de la Inmaculada mi amado esposo pasó con nuestros hijos y yo, el día de las velitas, oramos el Santo Rosario ¡Gloria a Dios ¡! Bendito seas Padre Señor del cielo y de la tierra ¡y tú madre amada, mi mamita adorada, mi señora, mi consejera, te amo. Gracias madre, lo digo a voces gracias mamita María preciosa. Sé que cada Avemaría con fe fue derritiendo el corazón de mi esposo, ninguna Ave María es perdida hermanitos, ninguna, oremos el santo rosario siempre, cuantos más podamos por los pecadores (empezando por nosotros) por las almas agonizantes, por los sacerdotes, por la conversión de tantas almas lejos de Dios. Hay mucho porqué orar no pensemos tanto en nuestros problemas, más bien oremos como nos pide la virgen por tantas almas, para que se salven.

Llega navidad, mi amado esposo pasa navidad con nosotros, y el año nuevo ¡Gloria a Dios! Los 4 solitos en casita con Jesús, María, José, el buey, la vaca, las ovejitas. Recordé aquella navidad que estuvimos con mis hijos tan alegres aunque mi esposo no estaba. Jesús fue nuestro regalo. ¡Gracias Jesús, gracias! Mi esposo por momento se pone agresivo, me culpa de cosas, me dice que me odia, se aleja, se calla ¡Gloria a Dios ¡“Mantengo firme mi esperanza sin que nada me pueda conmover porque es digno de confianza aquel que se comprometió” dice la palabra de Dios, viví eso a cada momento, Señor tú sabrás. Jesús me decía: “Amalo, perdónalo cada vez, pero amalo, solo el amor vence, Se humilde”. Dejé que descargara toda esa rabia en mí, y la ofrecí a Jesús y seguí amándolo en Dios, con calma, con paciencia. ¡Gracias maestra madre mía, gracias!

Y ese corazón duro empezó a ablandarse. Nunca me dijo quiero volver, solo volvió. ¡Bendito Dios! Empezamos a rezar el rosario junto en las mañanas en la ruta y cada Ave María fue moviendo ese corazón… Lo sé. Ustedes se preguntarán: ¿Qué pasó con la mujer?, ¿Cómo fue?, ¿Seguirán juntos?, ¿Se escribirán correos?, ¿Se llamarán? Rta: Hermanos Dios me mostró que nunca debía ser curiosa del mal. Así que esas preguntas ni siquiera me las he hecho yo, solo confié en Dios y dejé que El obrara, sin preguntas para mi esposo, sin reproches, pero sin miedo, con amor, con firmeza de espíritu. ¿Cómo? No soy extraterrestre, tuve muchos momentos de tristeza, dolor, pero todos se los entregué como llegaban a Jesús y a María. Todos, yo solita me arrodillaba ante mi madre y se los entregaba y ella me daba fuerzas Y me las sigue dando. El camino empieza apenas… El enemigo no se dará por vencido. Debemos permanecer despiertos y vigilantes, orando, confiando, amando.

El 14 de marzo volvió a casa. Gracias Señor Dios todopoderoso que haces posible lo imposible. Hermanitos perdonen lo extenso, fueron casi 4 años de espera en Jesús y María. Doy este testimonio para que todos ustedes mis amados hermanos de JSMF sigan firmes por sus hogares, no desfallezcan, ánimo hermanitos por oscuro que parezca todo Dios está trabajando, aun mientras dormimos, confiemos en Dios y hagamos todo por amor a Jesús, amémoslo mucho y confiemos en El: “Jesús yo confió en ti”. Gracias a todos, Gracias soldaditas las quiero con todo mi corazón por haberme dado esperanza, fe, ayuda, apoyo, Dios les pague con toda tu alma y serás salvo tú y tu familia, dice la palabra de Dios. ¡Todos nuestros hogares serán salvos!, cree en el Señor Jesús. ¡Creamos que Jesús salvará nuestra familias!, las está salvando mientras dormimos. Está obrando en nosotros primero, preparando el camino. Los amo a todos. Sigo de rodillas hasta que el último de sus hogares sea restaurado… Es una promesa de amor y gratitud con mi amado Jesús.

TESTIMONIO: MI ESPOSA CREYO LO IMPOSIBLE.

 

TESTIMONIO: MI ESPOSA CREYO LO IMPOSIBLE.

Soy Guatemalteco, viví en infidelidad durante dos años y medio, estuve por dejar a mi esposa y familia por una mujer que el enemigo supo cómo enquistarla en mi corazón. Hice pasar por tormentos indescriptibles de dolor a mi esposa e hijos y yo mismo sufrí al estar preso de ese sentimiento que creí amor. Si sufrimos mucho, no podía dejar ese sentimiento, fui a un retiro con mi esposa y aun así volví a buscar a aquella mujer.

Tuve que vivir un desierto para realizar una lucha contra ese sentimiento de pecado, no puedo describirles las noches de terror que pase con la voz del enemigo asediándome con sus mentiras, lloré a mares, rece el rosario muchas veces, Cristo me hablaba dándome fuerzas, duró esa batalla en mi desierto unos 15 días.

Concluyó mi desierto con una confesión donde vi los ojos de Cristo en los ojos del sacerdote fue maravilloso, cumplí mi penitencia y el viernes de dolores en Semana Santa junto a mi esposa rezamos un rosario donde a cada décima entregaba a Cristo todos mis pecados, lujuria, mentiras, orgullo, vanidades, insultos, etc. Me flagelaba la espalda a cada décima y morí junto con Cristo el viernes a las 3 de la tarde, seguí en oración y penitencia toda la semana para resucitar con Cristo el domingo de Resurrección y ocurrió el milagro, sané ese sentimiento, Dios con su Misericordia sanó mi corazón de ese sentimiento.

DIOS SANÓ MI MATRIMONIO PARA QUE DIERA TESTIMONIO DE QUE PUEDE HACER LO MISMO CON USTEDES, SIN IMPORTAR LOS PECADOS QUE HAYAN COMETIDO.

 

DIOS SANÓ MI MATRIMONIO PARA QUE DIERA TESTIMONIO DE QUE PUEDE HACER LO MISMO CON USTEDES, SIN IMPORTAR LOS PECADOS QUE HAYAN COMETIDO.

Hermanos, mi historia es un poco larga, pero necesito contarla para dar testimonio a todos aquellos que aún tienen dudas del poder de Dios para restaurar su matrimonio. Me casé en el 2004, seis meses antes quedé embarazada. El qué dirán me llevó a tomar una de las peores decisiones de mi vida: el aborto. Lo hice convencida de que era lo mejor y realmente lo creí por muchos años, meses después nos casamos.

Al principio todo parecía ir bien, pero a los dos años, mi esposo me dijo que no era feliz, enlistó todo lo que le molestaba de mí y terminó su discurso diciendo que si quería tener un hijo, buscara a alguien más. Quedé perpleja, pero la verdad yo era tan feliz que pensé que había sido sólo un arranque. Pasaron los meses y comenzaron las peleas aunque, según yo, nada fuera de control. Un día, mientras estábamos de vacaciones, oí que recibía y mandaba mensajes de su celular antes del amanecer. Cuando tuve oportunidad revisé su teléfono y encontré mensajes de una mujer a la que le decía que quería mucho, que la extrañaba y que ansiaba regresar para estar con ella. Yo le reclamé, él dijo que era sólo una amiga. No le creí, peleamos y lloré sin parar no uno ni dos días, semanas.

Finalmente dijo que necesitaba alejarse de mí, que me fuera de casa por algún tiempo, yo me hundía cada vez más en la depresión. Un día entendí que no había vuelta atrás, también estaba cansada de pelear, de llorar, y decidí irme. Él planteó una separación de tres meses, en principio. Pero las cosas no parecían mejorar, yo le hablaba y apenas contestaba, le pedía que nos viéramos y accedía pero ya que estábamos juntos lo notaba molesto y mientras más pasaba el tiempo yo me desesperaba más y sólo conseguía alejarlo más. Cinco meses después, encontré el libro de Cómo Dios puede y va a restaurar su matrimonio, Lo leí, me puse a orar y dejé de molestarlo. Antes de un mes me pidió que regresara. Tan pronto como estuve con él, dejé de lado a Dios. Me olvidé de rezar y poco a poco los problemas regresaron. No le perdonaba que me hubiera echado de su vida esos seis meses. Volvieron las peleas y esta vez fueron peores. Como parte de mi depresión comencé a sentir una desesperanza profunda. Una madrugada desperté, sentí a mi esposo a mi lado y pensé Dios mío, ¿por qué sigo viva? Quisiera dormir para siempre.
Al siguiente día, cuando recapacité lo que me había pasado decidí buscar ayuda profesional. Otro gran error, fui al psiquiatra, me medicó de inmediato y empecé a mejorar, me sentí fuerte y valiosa. Uno o dos meses después empecé a acercarme a un compañero de trabajo con el que terminé teniendo un romance. Así pasó un año: con peleas y gritos en casa y la OM en la oficina. En una de tantas peleas le pedí el divorcio a mi esposo. Comenzó un largo periodo de confusión. Cuando él decía que lo intentáramos otra vez yo decía no más y cuando él me decía hasta aquí yo le suplicaba no me dejes, hasta que se cansó y terminó fijando fecha a la separación: 30 de noviembre. Me fui y durante un mes prácticamente viví con la tercera persona. No supe nada de mi esposo, finalmente no tuvimos familia, nada nos unía. Sólo lo recordaba con coraje. Cuando la tercera persona me dijo que compráramos un departamento pequeño entre los dos, accedí. Y a pesar de que se presentó una oportunidad dejé pasar el tiempo.

Hoy sé que Dios estaba actuando. En eso estábamos cuando un día, por accidente, me entero que mi mejor amiga tenía una relación con mi aún esposo. Si, eran novios. En una serie de correos electrónicos, leí todo tipo de promesas de amor e intimidades. Él le ofrecía a ella lo que a mí me había negado: una familia. Quería que le diera un hijo. Les puedo decir que me sentí muerta en vida. Después vino el coraje. Hice todo lo que no debía: le llamé a su mamá y le conté lo que su hijo había hecho (claro que nadie sabía lo que yo le había hecho él y estaba haciendo), le conté a mis amigos, hermanas, cuñados, junté ropa, zapatos, computadora, celulares, películas, discos compactos, relojes y hasta el anillo de compromiso y de matrimonio, y se los fui a dejar, literalmente, a su casa. A ella le mandé un mensaje de celular para agredirla. Ambos me llamaron. A ella no le contesté, a él le dije que le deseaba la muerte y lo maldije una y otra vez.

En mi desesperación, busqué a un brujo para que le hiciera un ‘amarre’. El brujo dejó pasar varios días, después me dijo que ella le había hecho un trabajo y que yo tenía que hacerle otro (más caro, por supuesto) para que él volviera. Estaba tan hundida que entonces pensé en Dios. Más de un año lo había dejado fuera de mi vida y lo había ofendido una y otra vez, y sin embargo, fue el único que me extendió la mano. Así, con una restauración fallida y cargando el peso de pecados mortales como el aborto, el adulterio y la brujería comencé mi segundo proceso de restauración. Lo primero fue pedirle perdón a Dios por todo lo que había hecho. Era algo que sólo a Él le podía decir, porque ante todos yo era la víctima. (Sólo mi amiga sabía de mi amante. Y, obviamente, ella le había contado a mi esposo.) Ya sabrán lo que todo mundo me dijo…“que lo olvidara, que no valía la pena, que era lo que necesitaba para darme cuenta de qué tipo de hombre era. Pasé semanas llorando y angustiada porque no sabía si Dios podía perdonarme.

Dos semanas después me confesé y le conté todo al padre. Desde mi aborto (aunque ya había confesado ese pecado y había sido absuelta, la verdad no había sentido arrepentimiento, por eso volví a confesarlo.) Dios me mandó un representante muy comprensivo, porque me absolvió, me dejó una penitencia mínima y me dijo que dejara pasar un tiempo y que si no se arreglaban las cosas, rehiciera mi vida. Aún con la absolución, mi corazón no descansó. ¿Realmente me habrá perdonado Dios?, pensaba: ¿Así de fácil?, ¿será que me perdonó pero mi penitencia es quedarme sola?, me decía una y otra vez. Era una tortura. Así llegué a Ministerios de Restauración y después a JSMF. Leí artículos, oraciones y testimonios, pero no encontraba nada para mi caso. Todos eran hombres y mujeres fieles a sus esposos/as luchando por mantener unida a una familia. Mientras más leía más me sentía desesperada. ¿Y yo? Yo no había sido fiel ni tenía hijos… Me sentía sola… ¿Qué motivos tendría Dios para restaurar mi matrimonio?…

Un día leí que debía pedirle a nuestro Padre que abriera nuestro corazón para escuchar su Palabra. Un día llegué a misa y eso hice. Y cuál fue mi sorpresa, el Evangelio era justamente el de la mujer adúltera “El que esté libre de culpa que tire la primera piedra”, “Mujer, nadie te acusa.” “Vete y no vuelvas a pecar”… El padre explicó que Dios perdona, sin excepción, y dijo “lo pasado es pasado, ya, se fue.” Y citó el Salmo “Dios no está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo”, bendito sea Dios que se apiadó de mí, no sólo perdonó mis pecados escarlata sino también mi poca fe, porque tuvo que decirme las cosas así de claras para que creyera en Su Misericordia.

Pero la Palabra dice “confiésense los unos a los otros” sus pecados. Yo tenía que pedirle perdón a mi esposo por mis pecados, incluido el adulterio. Cuando me casé en corto el padre nos dijo: “Jamás, reconozcan que fueron infieles, porque es algo que la pareja no puede perdonar”. Y ahí estaba yo, escribiendo una, dos, cinco, diez versiones de cómo confesarle y pedirle perdón por mi adulterio. Busqué la forma de lastimar menos. Le mandé un email, le dije que ya le había pedido perdón a Dios y que también le pedía perdón a él. No contestó.

A pesar que sabía que Dios me había perdonado, pasaron varios meses antes de convencerme que su promesa de restauración matrimonial también era para mí. Mi siguiente paso fue preguntarle a Dios ¿qué quería que yo cambiara? y estaba más que claro, aunque había pedido perdón y me había arrepentido, el enemigo no se iba a ir así de fácil, la tercera persona rondaba todo el tiempo en mi cabeza. Además, la tenía cerca, buscándome, insistiendo, mientras que mi esposo estaba lejos y enojado conmigo, por supuesto. Ya se imaginarán la desesperación en esos días cuando me sentía sola y sabía que un hombre por el que sentía gran atracción estaba tan cerca de mí. Gloria a Dios que evitó que cayera en la tentación.

El siguiente paso fue perdonar a mi esposo y a mi ex mejor amiga. La verdad, a él pude perdonarlo relativamente fácil, con la ayuda de Dios, pero ¿qué mérito tenía yo? si bien dice su Palabra que es a los enemigos a quienes debemos amar, pasé meses pidiéndole a Dios que me permitiera perdonarla. Con mucha oración y sin saber si seguía siendo novia de mi esposo, logré verla sin rencor (a diario nos encontrábamos en la oficina). Aunque el proceso era en ese entonces muy doloroso, era claro cómo Dios estaba obrando en mi vida porque, puestos mis ojos en Él, yo pedía y Él, por su misericordia y piedad, me concedía.

Animada por la Grandeza y el Poder de mi Señor, seguí pidiendo: “Padre, derrama tu Espíritu Santo en mi corazón para que crea en Tu Promesa”. Así, día y noche, pidiendo a Jesús que aumentara más mi fe. Misas y comuniones diarias, ayunos, visitas al Santísimo, novenas, rosarios, oraciones y más oraciones. Al tiempo, tuve la certeza que mi matrimonio sería restaurado, lo sabía. Era mía la Promesa y no me la iba a robar el enemigo con sus intrigas. Debo confesar que estaba tan segura de su misericordia, piedad y poder, que este relato de cómo Dios restauró mi matrimonio lo inicié, varios meses, antes que ocurriera el milagro, porque sabía que daría mi testimonio.

Había ya pasado medio año sin ver a mi esposo, aunque habíamos cruzado una docena de correos y mensajes de texto, la mayoría eran totalmente intrascendentes. No sabía si seguía con ella, pero no importaba, Dios nos ordena dejarlo trabajar detrás de la montaña, no luchar en la carne y ganar la batalla sin una sola palabra. Un día antes de nuestro aniversario de bodas visité al Santísimo. Sabía que venían horas difíciles. Me arrodillé y le dije: “Dios mío, yo he tratado de hacer y te he pedido que me ayudes a hacer lo que Tú me has instruido, hoy te pido que si mi matrimonio no se va a restaurar, permitas que mi corazón no espere más el regreso de mi esposo”. Llegué a casa y me tumbé en la cama a llorar, como hacía rato no lo hacía.

Al día siguiente, le envié un mensaje de texto recordándole nuestro aniversario. Él llamó por teléfono y sólo dijo que si los aniversarios iban a ser así, de lejos, que podríamos cumplir hasta diez años. Ese día pensé en visitar a la iglesia donde me casé. Pero le dije, Virgen Auxiliadora, perdóname si no te visito, pero sé que me voy a poner muy mal. En eso estaba cuando recibí una llamada de mi esposo diciendo que iba a pasar por donde yo vivía y que si se me ofrecía algo. Le pedí que me acompañara a comprar mi despensa. Cuando llegamos a mi casa entró, sentados en la mesa platicamos, le dije que estaba trabajando en el perdón y que no tenía ningún interés en saber nada de lo que había pasado o estaba pasando entre él y mi ex amiga. Él sólo me dijo que no sabía qué iba a pasar entre nosotros. Después me abrazó, me besó y me invitó a cenar. Ese día pude ver lo que yo ya creía: Que Dios estaba cumpliendo en mí Su Promesa: “Gloria a Dios.”

Esa noche llegué a casa y, como bien dicen todos los testimonios de restauración, el enemigo se hizo presente. Como por arte de magia y después de varios meses de no hacerlo, empecé a pensar en la tercera persona. Casi una semana estuvo rondando en mi mente la idea de llamarle, de pedirle que nos viéramos, de estar con él. Fue muy difícil resistir, y sólo lo logré de la mano de Dios. “Dios mío, ayúdame a sentir repulsión por las situaciones tentadoras”, repetía una y otra vez. Finalmente el enemigo se alejó. Después de algunas citas esporádicas con mi esposo quedé embarazada, por Gloria y Misericordia de Dios. Volví a casa el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, por si quedara alguna duda de la ayuda del Santísimo Rosario en esta historia de sanación matrimonial. Hoy nuestra hija tiene medio año.

Doy mi testimonio para todos aquellos que están en la lucha. Para aquellos que tienen dudas de la ¡Misericordia y del poder de nuestro Padre Celestial!. Actualmente, el enemigo sigue rondando. Ya no bajo la misma forma de antes, pero puedo reconocer su rostro. He cometido nuevos errores. He sido tibia, he bajado la guardia, pero volveré a la batalla una vez más y cuantas veces sea necesario para restaurar mi matrimonio y edificarlo sobre la roca, porque “Lo que Dios unió, el hombre no lo separe.” Amén.

Pregunta: ¿Debo demandar a mi cónyuge para la manutención/dinero de los niños/hijos?

¿Debo demandar a mi cónyuge por manutención?

Esta es una de las preguntas más frecuentes del grupo, y es complejo contestar cuando las relaciones de pareja se degradan tanto que el cónyuge que quedó viviendo con los hijos no tiene cómo mantenerlos ni alimentarlos, y uno de los padres (por lo general el hombre) se olvida totalmente de ellos.

El consejo que damos regularmente es: NO DEMANDES, NO lleves a tu cónyuge ante el juez y las autoridades, evita al máximo esta situación. Pero si llega a ser inevitable, SOLO RECLAMA LO JUSTO, ni una moneda de más. No hacerlo es un gran acto de fe, pero Dios recompensará tu confianza. La palabra de Dios contiene promesas hermosas:

  • “Si mi padre o mi madre me abandonan, me acogerá el Señor. Enséñame, Señor, el buen camino, guíame siempre por sendero plano frente a mis enemigos.” (Salmo 27, 10-11)
  • “¿Qué te abate, alma mía? ¿Por qué gimes en mí? Pon tu confianza en Dios, que aún le cantaré a mi Dios Salvador.” (Salmo 42, 6)
  • “Pues a mí se acogió, lo libraré; lo protegeré, pues mi Nombre conoció. Me llamará, yo le responderé; estaré con él en la desgracia.” (Salmo 91, 14-15)
  • “¿Puede una mujer olvidarse del niño que cría, o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque se encontrara alguna que lo olvidase, ¡Yo nunca me olvidaría de ti!” (Isaías 49, 15)
  • “No temas, pues yo estoy contigo, no mires con desconfianza, pues yo soy tu Dios; yo te doy fuerzas, yo soy tu auxilio, y con mi diestra victoriosa te sostendré.” (Isaías 41, 10)
  • “El Señor dice: ‘Nunca te dejaré ni te abandonaré’, y nosotros hemos de responder confiados: ‘El Señor es mi socorro no temeré. ¿Qué pueden contra mí los hombres?'” (Hebreos 13, 5)
  • “Nos vienen pruebas de toda clase, pero no nos desanimamos. Andamos con graves preocupaciones, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aplastados.” (2 Corintios 4, 8-9)
  • “Depositen en Él todas sus preocupaciones, pues Él cuida de ustedes.” (1 Pedro 5, 7)
  • “Los pobres y los humildes buscan agua pero no encuentran, y se les seca la lengua de sed. Pero yo, Dios de Israel, no los abandonaré. Yo, Yavé, los escucharé.” (Isaías 41, 17)
  • “El oprimido encuentra su refugio en el Señor; Él es su fortaleza cuando lo rodea la angustia.” (Salmo 9, 10)
  • “Sean valientes y firmes, no teman ni se asusten ante ellos, porque Yavé, tu Dios, está contigo; no te dejará ni te abandonará.” (Deuteronomio 31, 6)
  • “Porque Dios no rechazará a su pueblo, ni abandonará su herencia.” (Salmo 94, 14)
  • “Porque Yavé no rechazará a su pueblo en atención a su gran nombre, ya que se ha dignado hacer de ustedes su pueblo.” (1 Samuel 12, 22)
  • “Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo.” (Mateo 28, 20b)
  • “Acérquense a Dios y Dios se acercará a ustedes.” (Santiago 4, 8)
  • “Respeten al Señor todos los fieles, pues de nada carece quien lo teme.” (Salmo 34, 10)
  • “Estoy seguro que mi Dios proveerá a todas las necesidades de ustedes, según su riqueza y su generosidad en Cristo Jesús.” (Filipenses 4, 19)
  • “Pues bien, yo les digo: Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen a la puerta y les abrirán. Porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llame a una puerta, se le abrirá.” (Lucas 11, 9-10)
  • “Den, y se les dará; recibirán una medida bien llena, apretada y rebosante, porque, con la medida que ustedes midan, serán medidos.” (Lucas 6, 38)
  • “Después que el Señor les haya dado el pan del sufrimiento y el agua de la aflicción, él, que es su educador, ya no se ocultará más y ustedes verán al que les enseña. Tus oídos sentirán sus palabras resonar detrás de ti: ‘Este es el camino que debes seguir’, ya sea que vayan por la derecha o por la izquierda.” (Isaías 30, 20-21)
  • “Pues sus proyectos no son los míos y mis caminos no son los mismos de ustedes, dice Yavé. Así como el cielo está muy alto por encima de la tierra, así también mis caminos se elevan por encima de sus caminos, y mis proyectos son muy superiores a los de ustedes.” (Isaías 55, 8-9)

No olvides, Dios es un Padre amoroso que ha permitido esta prueba para llevar tu matrimonio y familia a donde siempre ha querido tenerlos, cerca de Su Corazón. Si permitió la prueba, te dará los medios para soportarla y salir de ella (la promesa es que la prueba no superará nuestras fuerzas). Hay testimonios hermosos de esposas que pasaron momentos difíciles, pero Dios no las abandonó.

Dios te lo asegura: confía en Él, pórtate santamente (aleja de tu vida el pecado y toda maldad) y no te faltará nada. Reconoce que estás en una prueba, pero Él ha prometido no abandonarte, sostenerte y auxiliarte. Saldrás de esta prueba victoriosa, pero debes caminar un sendero de confianza y fe absoluta, aprender a hablar con Dios, aprender a escucharle en LA PALABRA, EN TU CORAZÓN y EN LOS SIGNOS, y dar testimonio del amor que sientes por Él y del amor que Dios te tiene.

Eso sí, una cosa es clara: Dios no hará el trabajo que te corresponde a ti. Él pondrá los medios y las personas para ayudarte, pero si te quedas quieto, paralizado sin hacer nada, esperando que las soluciones lleguen por sí solas, las bendiciones no fluirán. Dios no patrocina ni la cobardía ni la pereza. Toma una buena decisión. Ora antes de hacerlo. Pero insisto, te aconsejamos no demandar ni llevar a los estrados (ante el juez) a tu cónyuge. Si decides hacerlo, sé extremadamente justo.

No entres en peleas interminables, tampoco liberes a tu cónyuge de las responsabilidades económicas del hogar que le corresponden. Pídele a Dios que sea tu abogado, juez y que te acompañe en este proceso. Al comienzo, en la confusión y dolor, tendemos a actuar por impulso. Vemos a nuestros cónyuges felices mientras vivimos situaciones económicas difíciles. Pero primero ora, confía y sana tu corazón antes de iniciar  un proceso para reclamar la manutención donde se pueden lastimar más y las cosas no van a salir bien.

Dios te bendiga.

Pregunta: Mi esposo(a) se siente una persona libre de obligaciones que hacer?

Respuesta: Él (ella) no puede sentirse libre, porque él (ella) no es libre; él (ella) es uno con usted. Como está escrito en la Escritura, “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne” (Efesios 5, 31). Hay una cosa muy grande dentro del ser humano y es su conciencia (alma), y esta no lo (la) dejará tranquilo(a) hasta que vuelva a Dios y a usted, porque el alma de él (ella) es parte de la suya. Las oraciones que se hacen por él (ella) lo(a) ponen de mal humor, pues el enemigo siembra en la mente del ser humano la idea de que el esposo o esposa te tiene atado(a). Pero no es así, es el pecado lo que lo(a) ata. Esa es la razón por la cual él (ella) no puede sentir la libertad que tanto añora, porque en el mundo que él (ella) ha escogido vivir, la libertad no existe. La libertad solo se encuentra cuando el ser humano reconoce a Dios como su único Señor. Como dice la palabra “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8, 32).

Pregunta: ¿Cómo salir de esta crisis?

En tiempos de crisis, a menudo buscamos soluciones mágicas, respuestas rápidas y sin esfuerzo que nos liberen de nuestro dolor, tristeza y desesperanza. Queremos que las cosas cambien sin tener que hacer un alto en el camino, sin la necesidad de abrir nuestro corazón a Dios y sin un compromiso genuino con nuestra propia transformación. En Jesús Salva Mi Familia, podemos ver cómo esta búsqueda de soluciones instantáneas nos lleva a dar vueltas interminables alrededor de los mismos problemas, sin llegar nunca a un verdadero alivio.

Sin embargo, es esencial hacer un alto en el camino, mirarnos a nosotros mismos y comenzar un proceso desinteresado y amoroso con Jesús. Debemos abrir nuestro corazón a Él y permitir que su amor y su paz nos transformen. La verdadera solución a nuestra crisis no viene de recetas mágicas ni de soluciones temporales, sino de un encuentro profundo y sincero con Dios.

Si te sientes agobiado por la angustia, la tristeza, el rencor o el dolor, Jesús te invita a encontrar en Él el alivio que buscas: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré» (Mateo 11, 28). Este es un llamado a abrir nuestro corazón a su presencia, a empezar un diálogo auténtico con Él, incluso si es a través de cartas diarias a Dios, un gesto de fe que puede comenzar a cambiar tu vida.

Dios es un ser personal que establece una relación única con cada uno de nosotros, y su deseo es que le conozcamos en la verdad de Su amor. Como dice la Escritura, «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8, 32). Este encuentro con la Verdad, que es Cristo, te llevará a un lugar de paz y esperanza. Él te está esperando para ser no solo tu Señor, sino también tu amigo. Al abrir tu corazón a Jesús, verás cómo las angustias, amarguras e incertidumbres comienzan a desvanecerse.

Haz ese primer paso hacia una relación profunda con Dios, y encontrarás que la paz y la libertad que anhelas están al alcance de tu mano. Dios te bendiga en este camino hacia Su amor y Su paz.

Pregunta: ¿Si yo me fui, por que debo volver con mi cónyuge?

A veces, cuando nos alejamos de nuestro hogar, nos preguntamos por qué deberíamos volver. Queremos respuestas rápidas y soluciones mágicas para nuestra situación, sin entender que el verdadero cambio requiere un compromiso sincero con Dios y con nuestra propia transformación. Al igual que el hijo pródigo, que se alejó de su hogar en busca de una vida mejor, nosotros también podemos encontrar en el regreso a casa una oportunidad para renovarnos y reconciliarnos con Dios, con nuestros cónyuges e hijos.

Dios tiene razones profundas y llenas de amor para llamarnos de vuelta a nuestro hogar. En el libro de Malaquías, encontramos una advertencia clara sobre el pacto del matrimonio y la fidelidad que Él espera de nosotros: «Y esta otra cosa hacéis también vosotros: cubrir de lágrimas el altar de Yahveh, de llantos y suspiros, porque él ya no se vuelve hacia la oblación, ni la acepta con gusto de vuestras manos» (Malaquías 2, 13). Dios no acepta sacrificios vacíos ni actos de arrepentimiento sin una verdadera conversión del corazón.

El motivo principal para volver a tu hogar radica en el cumplimiento del pacto que hiciste ante Dios. Él es testigo de nuestra alianza matrimonial, como se menciona en la Escritura: «Y vosotros decís: ¿Por qué? Porque Yahveh es testigo entre tú y la esposa de tu juventud, a la que tú traicionaste, siendo así que ella era tu compañera y la mujer de tu alianza» (Malaquías 2, 14). Este pacto no es una simple promesa humana, sino un acuerdo sagrado que Dios honra y vela por él.

Dios nos llama a cuidar nuestro espíritu y no traicionar a nuestra esposa o esposo, como se nos enseña en Malaquías: «¿No ha hecho él un solo ser, que tiene carne y espíritu? Y este uno ¿qué busca? ¡Una posteridad dada por Dios! Guardad, pues, vuestro espíritu; no traicionéis a la esposa de vuestra juventud» (Malaquías 2, 15). Nuestro regreso al hogar no es un simple acto de obediencia, sino una respuesta a un llamado divino para restaurar lo que una vez se rompió.

Además, Dios aborrece el repudio y la injusticia en el matrimonio: «Yo odio el repudio, dice Yahveh Dios de Israel, y al que encubre con su vestido la violencia, dice Yahveh Sebaot. Guardad, pues, vuestro espíritu y no cometáis tal traición» (Malaquías 2, 16). El regreso a tu hogar es una oportunidad para reconciliarte con Dios, en lugar de seguir el camino del abandono y la separación.

Recuerda la parábola del hijo pródigo, en la que Jesús nos muestra la alegría del padre al ver a su hijo regresar: «Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado» (Lucas 15, 24). Así como el padre recibe al hijo con los brazos abiertos, Dios también te recibe con amor y alegría al regresar a tu hogar.

Volver a tu hogar es una oportunidad para vivir el verdadero significado del pacto matrimonial, para sanar y crecer en la fe. Dios no puede cambiar su palabra, pero ofrece su misericordia y su gracia para transformar nuestras vidas. Él tiene el poder de convertir cualquier situación en una bendición, de restaurar lo que está roto y de darnos un futuro lleno de esperanza.

Así que, si te preguntas por qué debes volver, recuerda que el regreso a tu hogar es el primer paso hacia una renovación espiritual y una obediencia a la voluntad de Dios. Él te está esperando con los brazos abiertos, listo para abrazarte y guiarte en el camino hacia una nueva vida en su amor y paz.

Dios te bendiga en tu regreso y te acompañe en cada paso hacia la reconciliación y la paz.