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“Jesús necesito que sanes mi corazón”

«Jesús necesito que sanes mi corazón»

Hola hermanos

Me doy cuenta del amor de Dios tan grande por mí y que jamás me ha dejado sola, siempre ha estado a mi lado, siempre ha estado ahí muy cerquita  de mi corazón. Fui yo quien se salió del camino y lo aparté de mi vida, pero El mismo fue por mi y me rescató.

Bastó solo abrir mi corazón para recibir tanto amor, compasión, compañía y tantas bendiciones.

Fui a un desierto que duro mas de 10 años, muchos problemas, peleas, conflictos familiares, intrigas, etc. Lo perdí todo, me enferme gravemente, estaba alejada de mi familia de sangre, mi esposo se fue de casa, profesionalmente no me desarrolle por dedicarme a mi hogar y por el trabajo de mi esposo. Hice un ídolo de barro en  mi esposo, al punto que me quede sin amigos, sin familia y me quede completamente sola, mis hijos eran muy pequeños. No tenia dinero propio, no tenía ahorros, lo que Dios me daba económicamente a través de mi esposo. Sentí que lo perdí todo, solo me rodeaba en aquel momento la soledad, dolor e incertidumbre.

En aquellos momentos de tristeza, soledad, angustia, yo sabía a donde acudir por la semilla de la Fe que sembraron en mi corazón desde temprana edad, en el seno de mi familia. Muchos veces  fui al Santísimo con mi corazón destrozado, y muchas veces sentí que mis oraciones y suplicas eran en vano, que Dios no me escuchaba.

Pero el Señor  de manera sorprendente  salió a mi encuentro a consolarme, a mimarme, a susurrarme al oído y estos encuentros los materializó con palabras dulces, con un mensaje especial para mí en una homilía, con una palabra de aliento o un abrazo de una persona, en consejería con mi confesor, con la visita de alguien especial, con las palabras dulces de mis hijos, o con promesas a través de su palabra.

En momentos de aridez espiritual, es increíble como con tanta suavidad renueva mi corazón y vuelvo a sentir ese amor especial de Dios por mi y mi pequeño y limitado amor por El.

Son muchos los testimonios que puedo contar de como he sentido la presencia viva y real cuando he ido en busca de Dios, en especial en mi crisis matrimonial y separación, cuando he necesitado de El, cuando he tenido una necesidad física, material o espiritual o simplemente he ido a visitarlo en el Santísimo. Al ver cada respuesta solo puedo sentir un gozo inmenso de sentirme la hija mas pequeña, mas amada de papito Dios.

Recuerdo en especial un día, recién separada, que mi esposo se llevo los niños y me quede sola en mi casa. Comencé a llorar amargamente, y sentía un vacío y un dolor profundo en mi corazón, me sentía morir en vida. Llevaba sin dormir 2 o 3 meses, ya no podía del agotamiento físico, me dolían los huesos, el estomago y no se donde queda en mi cuerpo el alma, pero era tan grande ese dolor, que puedo asegurar que me dolía el alma.

Cogí mi carro y sentí que debía ir a internarme en una clínica, quería descansar, quería dormir y olvidarme de lo que estaba viviendo y despertarme de esta pesadilla y que nada de esto hubiera pasado, pero el Señor me desvió para un santuario, me desvió a su casa. Solo recuerdo que le dije, Señor necesito que me sanes, no puedo mas!. Me arrodille frente al Santísimo y frente a la Virgencita y cerré mis ojos y de rodillas me quede dormida. Llegue tipo de 10 am y yo muy lejos escuchaba 1 eucaristia, la siguiente, la siguiente, la siguiente…no me quería parar de allí, pues en medio de mi sueño sentía paz y sosiego. Cuando abrí mis ojos, me sorprendí porque estaba todo muy oscuro y cuando mire el reloj eran mas de las 8 pm. Había pasado 9 horas de rodillas y dormida, como era esto posible?. La Iglesia estaba casi vacía, iban a cerrar, pero no puedo describir con palabras como salí renovada de allí.

Creo que el Señor este día me hizo cirugía de corazón abierto, nunca mas en mi vida volví a sentir ese dolor sin esperanza y a partir de allí, comencé a frecuentar el Santísimo y era increíble como llegaba triste y salía con paz. No hay otro lugar donde sanarse que no sea de rodillas frente a Jesús.

Hoy le pido  papito Dios que cada día quiero conocerlo  mas y enamorarme perdidamente de El. Quiero pedirle que siga abriendo mi corazón y que si todavía hay dolor, o cosas que no haya sanado, vuelva a hacerme cirugía de corazón abierto. Si aun no he perdonado, me perdone a mi primero y transforme mis faltas de perdón en amor. Y solo quiero de aquí en adelante vivir para El y en El.

No se cuando llegue mi restauración matrimonial, se que llegó primero mi restauración personal y todo será para su Gloria en el día que Dios lo disponga.

La gracia de recibir la Divina Misericordia de Dios

 

La gracia de recibir la Divina Misericordia de Dios

Queridos hermanos:

Ha pasado ya un año y unos meses de la partida de mi amado esposo, a la casa del padre.

Inicio mi testimonio, dando Gracias a Dios, por haber derramado su infinita y divina misericordia sobre mí, sobre mi esposo y sobre mis hijos. Alabo  y glorífico a Dios porque me ha dado la gracia de poder reconocer y afirmar que es un padre bondadoso que no abandona a sus hijos en ningún momento y que es un Dios fiel a su promesa por encima de toda adversidad. De reconocer que su hijo amado nuestro Señor Jesucristo está vivo y presente hoy día entre nosotros y sigue haciendo milagros.  De tener la plena certeza que la Santísima Virgen María, es nuestra madre y que como madre es una gran intercesora, que nos acoge bajo su sagrado manto, nos proteje y nos guía hacia su amado hijo JESUS .

Tal vez como a muchos nos ha pasado, la crisis llegó cuando pensábamos que era el mejor momento de nuestro matrimonio. Cuando más tranquilos y seguros nos sentíamos de que  todo estaba bien. Pero de repente empezamos a notar cambios en el comportamiento de nuestro cónyuge.  Acabábamos de cumplir 15 años de feliz matrimonio. No lo había notado, pero hubo grandes cambios  en el actuar de mi esposo, día tras día llegaba cada vez más tarde y salía más temprano a su trabajo. Nuestra comunicación era buena, me contaba su día a día, los inconvenientes en su trabajo, hasta que había llegado una persona nueva a la que él tenía que enseñar y aceptar como asistente, lo cual antes no había sido necesario y eso le incomodaba mucho. Pasaban los días y esa incomodidad se fue convirtiendo en admiración por aquella persona, me hablaba cada vez más de ella, pero ya con términos más agradables y hasta con elogios. Nunca me sentí mal con esto, porque él en ningún momento cambió conmigo.

Regresamos de celebrar el día del padre y en la noche cuando ya todos dormíamos llegó a su celular un mensaje muy claro de su amante, con un ultimátum. Mi vida se vino al suelo, todo cayó de la nada. Me enceguecí, mis sentidos se alteraron totalmente y tomé la peor decisión de mi vida: le dije a mi esposo que se fuera de casa. El se marchó físicamente por un mes ya que a diario nos llamaba, hablaba con nuestros hijos y conmigo, estaba muy pendiente de nosotros en todo momento y al cabo de este tiempo, me llamó, pidió perdón y regresó a casa. De nuevo La Paz y la felicidad estaban en mi hogar. Pasaron 6 meses y un día que tuve un inconveniente en mi trabajo, regresé temprano a casa y me estrellé con la más dura realidad: mi esposo seguía con su romance. Sus palabras fueron muy duras :”hemos intentado todo, pero necesito estar con ella” , se clavaron como mil cuchillos en mi corazón y en mis sentidos.  Mi orgullo y mi dignidad no se hicieron esperar y nuevamente mis palabras fueron : “cuando regrese, no quiero verte aquí, vete de casa”.  El se marchó, y a las dos horas de haber salido de casa me envió un mensaje de texto, diciendo: “no entiendo qué ha pasado, pero voy a regresar a casa, te amo”,  en ese momento me di cuenta del terrible error que yo había cometido. Al regresar, su closet estaba vacío, solo había dejado una nota.  Mi vida  nuevamente se fué por ese hoyo negro. Me sumí en el más terrible dolor. El ídolo que yo había hecho de mi esposo, se rompió en mil pedazos. Pasaban los días y mi esposo llamaba a diario a los niños y a mí , en la mañana, en la tarde, en la noche, estaba presente en cada momento. Hablábamos mucho por teléfono y siempre terminaba nuestra conversación con :”voy a regresar a casa”. Yo sumergida en mi dolor, vivía al son de lo que me dijera cada persona, oraba porque así me lo decían, iba a un lado, a otro y a otro, inclusive llegué a tocar los caminos  del esoterismo, que nunca debí pasar.  Pero la divina misericordia de Dios no se hizo esperar y salió a mi encuentro. Fué un día muy difícil en mi trabajo, soy Administradora Turística y tenia a cargo una agencia de viajes mayorista, ese día surgió un problema y mi jefe me había tratado muy mal y yo tenía que realizar una vuelta de la oficina muy importante, salí llorando, tomé un taxi y ni siquiera le pude hablar al taxista nada. El señor detuvo el carro y tampoco dijo nada. A los pocos minutos empezé a escuchar en la radio a alguien que con las más hermosas palabras alababa y bendecía a Dios, lloraba dando gracias a Dios, y se sentía feliz. Le pregunté al taxista quién era y me dijo el Padre Gustavo García (qepd ) un sacerdote del Minuto de Dios.  En el corto recorrido escuché las palabras más fuertes y hermosas que jamás había escuchado, a ese Dios que siempre dije creer pero que nunca había tenido en mi corazón.  Era la prédica “Qué hacer, cuando no hay nada que hacer”.  Al bajar me dijo, vé a la EUCARISTIA con este sacerdote.  A los pocos días fuí y encontré algo que nunca había oído ni visto en toda mi vida: a Dios presente y real. Y empezó a hacerse el encontradizo en cada momento de mi día a día, por una persona en la calle, por un letrero, en alguna canción, en las palabras de mi esposo. Y en una frase que me llamó poderosamente la atención: “jesussalvamifamilia”,  que  de un momento a otro se hizo presente en la pantalla de mi computador. Había llegado por casualidad a esta página???

Ingresé al portal y me sumergí totalmente en un mundo desconocido para mí. Me di cuenta que simplemente dejamos en aquella iglesia el día que  nos casamos a Dios. No lo invitamos a ser parte de nuestra vida, después de su bendición.

Mi vida empezó a cambiar. EUCARISTIA diaria, rezo del santo rosario, confesión frecuente, charlas, talleres.  En alguno de estos talleres conocí a los esposos Isabel Botia y Humberto Diaz, miembros del Pontificio para la familias en el Vaticano, quienes me acogieron muy calurosamente y día a día me han acompañado hasta el día de hoy en mi proceso de restauración.  Aprendí a estudiar a Dios, a conocerlo, a vivirlo.   Mi vida personal, empezó a cambiar, me reencontré conmigo misma y a tener conciencia de mis errores y defectos, De reconocer mis pecados y mis fallas. Pero la Relación  con mi esposo cada vez empeoraba en actitudes de él hacia mi, a pesar de que  sus palabras seguían siendo las mismas :”todo va a cambiar, pronto voy a regresar a casa”.  Yo empecé mi batalla espiritual y siguiendo los tres pasos de jesussalvamifamilia,  mi esposo empezó a sentir y ver mi cambio. Terminó su relación con aquella mujer. Pasó un tiempo solo y cada vez más cerca de nosotros. Yo empezé formación en mi parroquia y me vinculé al equipo EMPA (equipo misionero parroquial) y a hacer servicio en la parroquia, tenía muchas actividades, cursos y tareas. A Mi esposo le gustaba verme en lo que hacía y me colaboraba y me dio su apoyo. Nuestras conversaciones diarias seguían, hablábamos mucho, y los días que recogía a nuestros hijos compartíamos momentos muy agradables los 4.  Aunque en ocasiones, también habían palabras duras, días insoportables de su ausencia, desplantes….

Un día al salir para la asamblea semanal del minuto de Dios, recibí la notificación que debía presentarme a un juzgado para llevar a cabo la demanda de divorcio. Otra vez mi vida se derrumbó por completo. Pero esta vez con algunas amigas que me dieron su apoyo, fuimos a la asamblea y yo le presenté este documento a Dios. Lloré, clamé imploré por su divina misericordia.  A los pocos días mi esposo llegó a casa y me dijo que no me presentara a la citación del juzgado, que destruyera ese documento, que él nunca se iba a divorciar de mí.  Nos abrazamos, nos besamos y volvió la esperanza. Pero, después  de unos días el maligno no se hizo esperar y volvió a atacar de nuevo, las cosas con mi esposo se volvieron cada vez más difíciles, cambió su manera de ser, de pensar y de actuar. Aunque en algunos momentos era muy especial conmigo, me pedía perdón y seguía repitiéndome que pronto iba a regresar a casa. Mis ánimos y anhelos de la restauración iban disminuyendo, pero la misericordia de Dios no se apartaba de mi.  Vino una gran crisis económica, perdí mi empleo, tenía unas deudas enormes con el banco, bloqueados todos los accesos, la mensualidad del colegio de los niños varios meses atrasada, notificaciones, llamados de atención , el mercado en casa cada vez era más escaso. Y mi esposo empezó a llevar una vida de lujos, viajes, tuvo un ascenso en su trabajo, hizo una especialización de su carrera, salía con amigos y disfrutar su vida con un nuevo amor(del cual en ese momento yo no sabía nada) . Cada vez había más mentiras, más palabras duras, más insultos, más reproches.  A pesar que yo estaba muy firme en mi fe, tenía momentos de estar literalmente tirada en el suelo, desconsolada viendo cada vez más oscuro mi panorama y cada día más lejos la restauración de mi matrimonio.   Mi esposo dejó totalmente de ayudarme económicamente . Pero algo que si tenía muy claro y era muy evidente, es que Dios siempre me tendía su mano.   Fueron muchos meses bastante difíciles, que sólo  con la mano misericordiosa de mi amado Jesús pudimos sobrellevar.  De la parroquia el padre me enviaba mercado cada mes, una amiga me enseñó a tejer unas bufandas que vendía y con esto pude solventar algunos gastos, las reuniones con jesussalvamifamilia, eran mi sostén para no desfallecer, recibir un oracional diario sobre restauración matrimonial era la esperanza de que yo también iba a dar mi testimonio. Mi vida estaba sumergida totalmente en Dios. Orando, ayunando y suplicando por la sanación y restauración de mi familia. Pero cada día las cosas empeoraban más y más.  Tuve momentos de debilidad que me llevó a cometer grandes errores, mi salud decayó considerablemente, la relación con mis hijos se deterioró y a pesar de mi constante oración, mis súplicas  a Dios, mis entregas, mis devocionales,  nada cambiaba. De vez en cuando pensaba en los tantos años que habían pasado en ésta crisis.  Mis ilusiones cada vez se iban agotando más. Hice la Penitencia por Amor y surgieron cosas maravillosas: tuve la oportunidad de sanar y reparar pecados ínter generacionales y algo muy hermoso: antes de casarnos tuve un aborto natural,  del cual nunca tuve plena conciencia. Empezé la preparación para poder ofrecer a Dios a mi bebé no nacido. Le comenté a mi esposo y él me apoyó totalmente. En una visita al Santísimo Sacramento el Señor me reveló el sexo del bebé, y le pedí a mi esposo que él le pusiera el nombre. Mi esposo fue también al Santísimo y allí el Señor, le reveló el nombre del bebé. Fue una experiencia maravillosa para mi esposo porque tuvo un encuentro real con Dios y ésto le marcó profundamente. Fuimos los dos a la eucaristía   ofrecimos a Dios  a nuestro bebé que desde ese día se convirtió en ese angelito que nos acompaña en todo momento. Tener la plena conciencia de que fue un hijo vivo nuestro, y darle un lugar especial, nos marcó mucho. Esto nos unió más con mi esposo, nuestras conversaciones se volvieron nuevamente a nuestra familia, a recuperar nuestro hogar a volver a estar juntos, me visitaba entre semana en las mañanas, mientras los niños estaban en el colegio, me conquistaba, me enviaba regalos, detalles, me consentía, teníamos intimidad.  Yo estaba feliz. Cada día mis oraciones eran de agradecimiento y más entrega a Dios. Estaba viendo los resultados a todas mis oraciones.  Mi esposo pagó todas mis deudas, se puso al día en los colegios de los muchachos y mensualmente empezó a dar una mesada, hizo arreglos en nuestro apartamento, todo iba cambiando poco a poco, compartíamos momentos muy especiales con nuestros hijos, teníamos más intimidad, todo iba muy bien.  Pero no se concretaba nada. Mientras tanto al otro lado de la montaña él tenía una doble vida: seguía  su relación con la OM. A mí, siempre me negaba todo, decía que no tenia a nadie, que estaba solo y así parecía.  Me enteré otra vez, que tenía un nuevo amor. Derrumbada caía vertiginosamente al precipicio de nuevo. Después de una crisis muy fuerte de depresión , el Señor nuevamente me tendió su mano y me sacó de aquel hoyo. Tomé la  decisión de no luchar más. De soltar completamente a mi esposo. Sin nada de fuerzas lo entregué en las manos de Dios. Fui a una peregrinación con Jsmf a Chiquinquirá y allí en las manos de la Santísima Virgen le entregué a mi esposo. No volví a contestar una sola llamada de mi esposo, no volví a preguntar por él,  ni siquiera pensar en él. Fuí muy radical en mi decisión.  Decidí tirar la toalla. Pero Dios no quería eso, recogió mi toalla me la devolvió y me dijo que esta batalla era de los dos y que aún no había terminado. En los  siguientes días sucedieron una cadena de eventos que cambió todo: tuve un accidente  , una caida muy fuerte y me lastimé bastante una rodilla, mi hijo tuvo que ser hospitalizado y mi esposo recibió la más terrible noticia: cáncer de estómago.  Me llamó a darme la noticia, lo escuché en total silencio, y al terminar la conversación   sólo pude  decirle que dejara todo en manos de Dios y fuera a la confesión.  Me contestó mal, con palabras duras. No hice nada, no dije nada, solo oré y se lo devolví a Dios y continúe con mi vida.  A los dos días siguientes yo estaba en un curso de la Pastoral de la Salud y sin saberlo mi esposo había regresado a casa.  Nos reunió a mis hijos y a mí, nos pidió perdón y quería continuar su vida al lado de nosotros. Vino la cirugía, el tratamiento y durante tres meses fué de total recuperación. Tuvimos un gran acercamiento a Dios, mi esposo se fué entregando poco a poco. Hablábamos de nuestro futuro, planes, proyectos. Pero el enemigo seguía rondando, como León, buscando como devorar y destruir.  Habían personas amigas con buena intención pero totalmente alejadas de Dios que llevaban “remedios” para su mejoría. Yo me sentía incómoda y rechazaba esto pero tanto él como su familia me decían que era muy radical. Esto dió paso a ser rechazada y volverme para ellos incomoda. Empezé a sentir y ver cosas que no estaban de acuerdo a los lineamientos de Dios, volví a empezar a luchar, pero la batalla con el enemigo cada día era más fuerte.  Hubo una gran confusión en todo sentido. Hasta que un día mi esposo me dijo que no podía seguir lejos de “su amiga” (como él la llamaba). Me rechazo de nuevo y que lo dejara seguir adelante. Traté de hablar pero él se alteró.  Su mamá al ver la situación me despidió de su casa y textualmente me dijo “déjelo libre, si para que él se sane yo tengo que llamar a esa muchacha, así lo haré ” y tal cual fué. Yo salí esa noche de esa casa y la OM, entró a la mañana siguiente.  Fueron los peores días de mi vida. El dolor extremo, se apoderó de mí. Pase varios días encerrada en mi cuarto destrozada completamente, llorando, sin comer y perdida  totalmente del mundo exterior. No aceptaba si quiera que mis hijos me hablaran.  Nuevamente El Señor con su infinita misericordia, me tomó de su mano y me sacó de allí. Asistí a una reunión de jsmf, una amiga me invitó  a celebrar el día de la Virgen de Guadalupe y fuimos con mi hija al cerro de Guadalupe en Bogotá, fué un día muy especial de encuentro con mi amada madre. Poco a poco fui saliendo de mi letargo y retomando mi vida con la ayuda de la comunidad de mi parroquia que desde el momento que se enteraron de la enfermedad de mi esposo, nos brindaron total apoyo y solidaridad. Y a mí no me soltaron ni dejaron sola después de saber que mi esposo había decidido sacar a la luz y vivir en pleno el adulterio.  El 24 de diciembre mi esposo tuvo una terrible crisis, sufrió una recaída muy fuerte, fue hospitalizado, tuvo un paro cardiaco, ese día me presenté en el hospital pero su hermana no me permitió ingresar, diciéndome que mi presencia lo alteraba. El estuvo varios días en cuidados intensivos. Un día antes de mi cumpleaños él mismo me escribió un mensaje diciendo que ya estaba saliendo de la clínica, que me agradecía inmensa mente mis oraciones. Me deseó un feliz cumpleaños y me pidió perdón.  Yo no podía creer esas palabras, estaba feliz. El Señor nuevamente me hizo un gran regalo y una persona de la comunidad parroquial me obsequió de cumpleaños el retiro de Juan XXIII, asistí y fue el cumpleaños más hermoso de mi vida, tres días de reflexión, oracion, entrega a mi Señor nuevamente. Estuve más recuperada emocionalmente, pero como sabia que mi esposo estaba feliz con la OM, decidí nuevamente no tener ninguna noticia de él, hable con mis hijos y les pedí que no me contaran nada y yo no volví a preguntar por él. Sólo me dediqué a orar por su salud y a entregárselo cada día a nuestro amado Señor para que lo librara del pecado en el que estaba sumergido. Oraba por su sanación, liberación y conversión. A los pocos meses tuvo  un detalle muy agradable con nosotros  y mandó a hacer unos arreglos en el apartamento. Me escribió diciendo que mis hijos y yo merecíamos  vivir bien, y que nos daría lo mejor de él, nuevamente me pidió perdón . Pero las cosas no cambiaban. En el mes de marzo el 26, día de nuestro aniversario de matrimonio, me llamó por teléfono y me dijo, textualmente: “que recordaría con agrado por siempre esa fecha, que a  pesar de que estaba “supuestamente” con las personas que quería y pensaba que hacía cosas que lo hacían feliz, sentía un gran vacío, me pidió perdón” y colgó. Esa llamada me traspasó nuevamente mi corazón y me lastimó profundamente, otra vez caí en una depresión muy fuerte, mi salud se deterioró gravemente y estuve enferma un buen tiempo. Me alejé de todo el mundo, me encerré en mi cuarto de nuevo, otra vez mi panorama se oscureció totalmente. Esta vez pensé y sentí que era mi fin, tenía en mi mente que ya no me iba a recuperar que ya mi vida no tenía sentido, que ya no tenía ningún motivo. Fué la deserción total. Pasaba mucho tiempo sola, porque mis hijos a pesar de todo seguían su vida, sus estudios y al lado de su padre. Lo visitaban muy seguido y acompañaban mucho. Nuevamente El Señor tomó en sus manos las riendas de mi vida, me llevó a su casa a estar en su presencia en el Santísimo Sacramento del Altar, tuve un momento de paz y tranquilidad ante su presencia y estando allí, unas amigas de la parroquia me llevaron a un cumpleaños y allí surgió la idea de retomar mi actividad laboral. El día 13 de mayo, fui a la Eucaristia y le pedí a Santísima Virgen me ayudara con un empleo. Ese mismo día una de esas amigas quien tiene una empresa, me llamó, que si me interesaba un trabajo fuera a una entrevista en la tarde. Y allí empezé a trabajar con contrato desde Junio 1.  Volví a retomar mi vida. El mejor trabajo que haya podido tener, con un horario muy flexible, cerca de la casa, podía ir caminando y la empresa consagrada a Dios, antes de iniciar labores se hacía oración. Nuevamente estaba en los caminos del Señor. Del salario, nunca se habló nada, yo sólo le dije al Señor :”Tú vas a ser quien me dé el dinero que necesito” y oh sorpresa, un muy buen salario mensual. Bendiciones?, otra vez llegando a mi casa.

Pero Dios en su infinita misericordia no nos desampara, ni permite que ninguno de sus hijos se pierda.  Siempre está atento a ir en busca de su oveja perdida y rescatarla cuando está realmente perdida. El día 14 de junio de 2016, recibí un mensaje de texto de la hermana de mi esposo, diciéndome que por el bienestar de él, ella consideraba que yo fuera a verlo .   Esas palabras me causaron pánico, y como yo veía que el panorama era de total felicidad en la vida de mi esposo, supuse que había tomado decisiones. Con un gran temor fuí esa noche a encontrarme con mi esposo. Al llegar allí su hermana me recibió bien, y al entrar al cuarto, la escena fué totalmente diferente a como yo me imaginaba. Mi esposo estaba en una situación de salud muy desmejorada, totalmente irreconocible. Como pude me acerqué a él, pues la impresión que me dió al verlo tan mal, me destrozo totalmente. Me tomó de la mano, me sonrió y me dijo: “perdón, siempre serás mi piedrita” (como cariñosamente me llamaba), tú eres a la única que amo, perdóname me equivoqué”.  Yo me acerqué le dí un beso, le dije que lo amaba.  Su estado de salud estaba totalmente deteriorada. El médico se acercó le dió atención y lo pasaron a una cama para que estuviera mejor. Allí en un momento de descanso mi esposo pidió que rezáramos un Santo Rosario, lo hicimos, yo le pediía a la Santísima Virgen que lo acogiera bajo su manto, él lo terminó se persinó y descansó. Se quedó dormido. Al poco tiempo, su hermana nos avisó que había fallecido. Mi reacción fué de agradecimiento a nuestra Madre Santa que lo acogió en su seno maternal y lo llevó a la presencia de Dios Padre. Un momento bastante difícil. Qué dolor tan grande fue ver al amor de mi vida partir definitivamente de mi lado. Sentir que esa “sola carne” se desprendía de mí. Pero al mismo tiempo tener la iluminación del Espíritu Santo, que el Señor había escuchado mis suplicas de no permitir que mi esposo siguiera sumergido en el terrible pecado del adulterio. El Señor por encima de todo y de todos, salvó el alma de mi esposo, permitiéndole purificarse a través de esa terrible enfermedad y que lograra disfrutar dela Casa Celestial, siendo llevado por la madre amorosa en sus brazos.

A partir de ese momento el temor de estar sola con mis hijos, se apoderó de mí. Cada día pensaba una y otra vez, que sería de nosotros. Sería yo capaz de ver por mis hijos? Tendría la misma capacidad que tenía mi esposo de educar bien mis hijos? De hablarles adecuadamente ?   De qué íbamos a vivir? Cómo íbamos a subsistir económicamente ?  Pues El Señor, no tardó en contestar mis preguntas,  a los pocos días la hermana de mi esposo nos habló a mis hijos y a mí que mi esposo había hablado con un abogado días antes de morir.  El abogado se contactó con nosotros y nos citó en su oficina. Era un colega de mi esposo, con quien había estudiado en la universidad, era su amigo.  Mi esposo le hizo la aclaración que él, nunca se había separado físicamente de mí, no había dejado su hogar y que las únicas personas que tenían derecho y debían hacer los trámites legales eran “su esposa” y sus hijos. A las pocas semanas del banco en el que mi esposo trabajó por muchos años, nos contactaron y se dio el pago de un seguro de vida, prestaciones sociales de mi esposo y otros pagos, el Señor nos devolvió todo lo que un día el enemigo nos robó. Se cancelaron absolutamente todas las deudas y se aseguró la universidad de mi hija, recibimos el apartamento y un automóvil que un día temí había perdido. Y poco a poco fuimos recuperando todo y más de lo que un día perdimos. Pero los milagros y bendiciones del Señor no habían terminado, pasados más de 6 meses recibimos la noticia que se había aprobado la pensión de sobreviviencia y hoy día gozamos de una pensión vitalicia, cuán grande es el Señor, absolutamente todo y más me fue devuelto. Hoy después de 19 meses sin la presencia física de mi esposo, vivo el día a día en agradecimiento total al Señor, entregando y consagrando mi  vida y la de mis hijos a su servicio. El señor me sigue protegiendo y cuidando, enviándome personas para ayudarme a salir adelante. En este momento estoy cursando el segundo semestre de Psicología, dicto talleres de Proyecto de Vida y Resiliencia, sirvo en varias pastorales en la parroquia donde vivo y como servidora en Jesus Salva Mi Familia.  El Señor es grande y maravilloso, cuida de cada una de sus ovejas. No importa cuan grande y oscuro se vea nuestro dia a dia, El Señor todo lo puede cambiar en un segundo.  Confiemos plenamente en su infinita misericordia.

“Pero yo clamé a Dios; el Señor me salvará. Me quejaré y lloraré mañana, tarde y noche  y él escuchará mi voz. En las batallas me librará; me salvará la vida, aunque sean muchos mis adversarios”.  Salmo 55: 17-19

Mensaje de aliento -Navidad 2017

 

Mensaje de aliento -Navidad 2017

Buenas Tardes a todos los soldaditos y soldaditas de Jesus Salva Mi Familia.

Les quiero compartir  en esta Navidad, primero que todo un fuerte abrazo  por creer en el amor conyugal y en la alianza matrimonial.  En base a este saludo quiero iniciar mi testimonio de amor de fidelidad a Dios y fidelidad a mi esposo,  a pesar de su partida del hogar.

Me casé el 5 de Mayo del 2007, actualmente 10 años de alianza matrimonial y hace 6 años cumplidos el 30 de noviembre, que mi esposo se bajó de la barca del matrimonio. Desde entonces me fijé una meta amar a Dios con todo mi corazón , con toda mi alma y con todas mis fuerzas y ser fiel al amor que profesé a mi esposo el dia de nuestro matrimonio, y servir a los hogares.

Al principio de la partida de mi esposo fué muy doloroso, pero inicié pidiendole al Señor el don del gozo, que me enseñara amarlo a Él por encima de todas las cosas y que  restaurara mi hogar.

Todos los días repetia con mi corazón : El gozo del Señor es mi fortaleza, en tus manos te entrego mi esposo, dame fuerzas para serte fiel a Ti y a mi alianza matrimonial.

También me alimentaba de La Eucaritia diaria, Santo Rasario y canticos de adoración y alabanza.

El señor fué fortaleciendo mi alma y se fué la tristeza. Los primeros 4 años tambien luché en mis fuerzas por reconquistar el amor de mi esposo, pero siembre existia una puerta cerrada de su corazón.

Finalmente le dije al Señor hablame en tu palabra y dime que mas quieres que haga por mi hogar y el Señor me respondió en  dos lecturas Biblicas:
1 de corintios 7, 10. El que esté casado permanezca casado, si la esposa se separa del esposo permanezca sin casarse o reconciliece con su esposo.

1 corintios 7, 16 Acaso no sabes tu esposa que puedes Salvar a tu esposo?.
Estas dos  palabras realizaron   eco en mi vida y en  mi corazón, se gestó y dió a luz los ultimos dos años, la tristeza se convirtió en alegría. Jesus y Maria se fueron apoderando de mi corazón, recobré la misión en mi matrimonio de ser fiel a mi alianza matrimonial y de interceder por la salvación de mi esposo y esperar pacientemente la restauración de mi hogar.
Hoy puedo decirles que despues de 6 años de haberse bajado mi esposo de la barca del matrimonio, Jesus y Yo seguimos montados y estamos conpletamente felices en esta barca, remando mar adentro, enamorandonos cada vez mas del mandamiento del amor, siendo fiel a la alianza matrimonial y con la certeza que Dios así como me ha transformado mi vida, tambien tengo la certeza que Dios está transformando el corazón de mi esposo y aunque mis ojos humanamente no ven nada materializado en la restauración del Amor conyugal, se que el Dios en quien e creido está realizando su trabajo en los dos y también tengo la Certeza que un esposo por el cual he orado tanto no se perderá.
Por otra parte, desde el dia en que me casé con mi esposo dirijo un cenáculo dirijido a los hogares que se llama Cenaculo “Sagrada Familia de Nazaret”, donde oramos y pedimos la intercesión de la Sagrada Familia que nos regale hogares santos y restaure los hogares destruidos. Este cenaculo ha permanecido por 10 años con esta misión, lo cual me ha llenado de gozo ver los hogares de mis amigas y amigos bendecidos y restaurados.

Tambien desde hace 1 año y 4 meses participo en una comunidad católica, donde por la gracia de Dios soy servidora de las parejas en los Retiros que se realizan mensuales para las parejas, los acompaño dandeles una charla de la autoestima en la pareja y en consejeria personalizada  a las parejas durante los dos dias de retiros.

Dios es bueno y todo mi sufrimiento se convirtió en bendición de perseverar en mi misión de esposa desde la adversidad y con mis vivencias poder ayudar a otros a permanecer fiel a la alianza matrimonial y fortalecer el amor conyugal.
Dios me hizo dar fruto en la tierra de mi aflicción que bueno es Dios y que intercesora tan especial tenemos, Maria Santisima.

Espero que mi testimonio fortalezaca a muchos soldaditos y soldaditas de Jesus Salva Mi Familia.
Feliz Navidad y muchas bendiciones para el Año 2018.

Soldadita JSMF Bogotá- Colombia

“Te pido perdón por todo el daño que te he hecho, soy totalmente responsable de lo que ha sucedido y deseo volver a casa”… “No, ha sido demasiado duro, tengo que pensar”

 

“Te pido perdón por todo el daño que te he hecho, soy totalmente responsable de lo que ha sucedido y deseo volver a casa”… “No, ha sido demasiado duro, tengo que pensar”

    “Te pido perdón por todo el daño que te he hecho, soy totalmente responsable de lo que ha sucedido y deseo volver a casa”… “No, ha sido demasiado duro, tengo que pensar”
Se casó en enero de 2000, con 34 años, con una mujer de 33. Graziano relata a Benedetta Frigerio en La Nuova Bussola Quotidiana cómo el diablo golpeó a su familia, también “gracias a la ignorancia que yo tenía de cómo actúa”. 
  Tras traicionar a su esposa, incapaz de encontrar una palabra que le ayudara entre los sacerdotes en los que confiaba, “descubrió en la Virgen a la madre que me salvó al hacerme comprender que tenía que volver con mi esposa“, la cual, sin embargo, “no me perdonó”. 

  Por esto hoy Graziano vive solo, “siendo fiel a mi mujer porque en esta fidelidad Cristo nos une y aunque sufro, encuentro felicidad en Él porque sé que estaré con ella en la Eternidad“.
 
Graziano, ¿cómo maduró la idea de contraer matrimonio?

Yo tenía a mis espaldas un matrimonio precedente sin hijos y que había sido considerado nulo; estaba seguro de que si no había funcionado era porque el sacramento nunca había existido. Sabía que tras la nulidad mi único camino era el matrimonio sacramental y aún sigo pensándolo: no me equivoqué al casarme, me equivoqué al ser infiel y traicionar.

¿Cómo surgió la crisis entre usted y su esposa?

Mi mujer y yo tuvimos enseguida una hija. Los primeros años fueron tranquilos: yo trabajaba mientras que mi esposa eligió quedarse en casa con nuestra hija. Siete años más tarde nació nuestra segunda hija. En ese momento empecé a sentir una especie de insatisfacción: me sentía solo porque mi mujer no participaba en lo que hacía y en lo que le proponía.

Fue fácil desear algo para mí mismo, pensar continuamente en “tengo que tener”, en “me gustaría que tú estuvieras, que tú hicieras”. Es una tentación diabólica que alimenté sin saber que era el diablo.

Miraba a mi mujer y la comparaba con la época en que la conocí: había cambiado tanto en el físico que un día le pregunté si no le importaba su aspecto. También la doctora la había exhortado a cuidarse sin olvidarse de sus problemas físicos, pero no hizo caso. El hecho que para ella cualquier cosa fuera un problema me cortaba la respiración, porque deseaba vitalidad, luminosidad.

Se comprende que también la mujer tiene responsabilidades: cuidarse, sacrificarse por el marido, apoyarle en lo que hace…

Sí, una mujer puede equivocarse, como puede hacerlo un hombre, favoreciendo la tentación de evadirse, pero yo acepto todas mis responsabilidades.

Precisamente en ese difícil momento llegó a mi vida una persona con la que hubo una sintonía inmediata. Era paciente mía, separada con dos hijas pequeñas. Se había alejado de Dios y nuestra amistad la acercó de nuevo a Él. Volvió a la confesión y a misa. El diablo utilizó mi propensión a ayudar a los otros para hacerme caer en un adulterio.

Sin embargo, en lo más hondo de uno mismo, uno sabe cuándo una relación puede ir más allá: y así fue. En 2009 me fui de casa (mi mujer comprendió todo desde el principio, hubo una pelea inmediata), a vivir solo.

¿No pensaba en sus hijas?

Claro que sí, pero pensaba también que podrían vivir con otra persona.

¿A pesar de su fe católica?

Estaba totalmente obnubilado. No veía nada más. Es lo que hace el diablo. La comprensión espiritual con esa mujer era tan fuerte que rezaba con ella como no lo había hecho nunca con mi esposa y me decía: “¡Qué bonito! Por fin alguien que reza conmigo, ¡esto sólo puede ser voluntad de Dios!”.

  El diablo, muy listo, no me quitó la oración; al contrario, me hizo vivir bajo una apariencia cristiana. Por esto veía también a mis hijas dentro de esta unión como si fuera un bien para ellas. Me había olvidado de los mandamientos de Dios (no cometerás adulterio), que son la brújula de toda situación para juzgar si es buena o no.

¿Cómo reaccionaron sus hermanos cristianos? ¿Alguno intentó que entrara en razón?

Era ministro y formador en la fraternidad de los terciarios franciscanos, en Monza. Ninguno de los hermanos laicos preguntó cómo había sucedido que un hermano suyo hubiera podido caer así. Me abandonaron y me dijeron que me fuera.

Nadie me dijo: “Pero, ¿qué estás haciendo?”. Un padre espiritual franciscano, en lugar de exhortarme al arrepentimiento (“adulterio” es una palabra que no oí salir nunca de boca de nadie), me dijo que si era mi voluntad acercarme a la Eucaristía, que debería hacerlo en una iglesia en la que no fuera conocido.

¡Cuánto me hubiera gustado encontrar a un Padre Pío que me hubiera dado de patadas! En cambio, nadie puso ante mí la realidad. El mal estuvo en esto. Necesitaba que alguien condenara totalmente esta unión, que me hablara de pecado, de infierno.

¿Cómo salió de esta relación?

En el fondo de mi corazón buscaba a alguien que me dijera la verdad, porque yo estaba inmerso en la confusión. Creo que el hecho de no haber dejado de rezar (aunque fuera de manera interesada) me salvó, haciendo que sintiera que había algo que no estaba bien. También me ayudó el hecho de vivir solo.

Un día ya no pude más, me puse delante de la Virgen y le dije: “Mira, dado que también mi madre carnal me ha abandonado y ya no tengo una fraternidad, te pido: acógeme tú y hazme comprender cuál es el camino correcto”. El diablo ya no pudo hacer nada más y, de hecho, una autopista se abrió ante mí. Si se quiere la vida y la fe, basta poner la propia voluntad en manos de María.

¿Por qué? ¿Qué sucedió?

Era el 17 de mayo de 2010 y unos días después comprendí todo el daño que había causado. Como dice san Pablo, en un instante se me cayeron las escamas de los ojos. La mujer con la que tenía una relación se alejó: le dije que se había acabado. Sentía todo el peso del mal que había cometido hacia mi mujer, mis hijas, mi familia y amigos.

Agarré el teléfono y le dije a mi esposa: “Te pido perdón por todo el daño que te he hecho, soy totalmente responsable de lo que ha sucedido y deseo volver a casa”. Pero ella me dijo: “No, ha sido demasiado duro, tengo que pensar”. Acepté, reiterando que estaba arrepentido y que quería volver a empezar.

Es difícil que una crisis aparezca de un día para otro. ¿Su mujer nunca se preguntó qué había sucedido?

Por desgracia, no. Se ha escudado bajo su dolor echándome en cara mis culpas. Sin embargo, lo repito: la responsabilidad de cuanto ha sucedido es sobre todo mía.

Ocho años después, ¿cómo es la relación con su esposa?

Al rechazar el perdón, con el paso del tiempo empezó a sentir una oposición aún mayor. Mi mujer no sólo se alejó de mí, sino que también se alejó de Dios y de la feÉste es, para mí, el dolor más grande, por lo que he decidido entregar totalmente mi vida en la fidelidad al Señor y a ella. Estoy convencido que mi sacrificio no será en vano. Estoy viviendo una unión profunda con ella y le doy gracias a Dios.

¿Una unión profunda estando separados? 

La fidelidad a Dios cuesta, pero recompensa: es una ofrenda de amor. “Nadie tiene un amor más grande que éste: dar la vida por los amigos”, dice Jesús; significa dársela a Él en la fidelidad al sacramento. Amar como ama Cristo: una capacidad que viene del don del sacramento que se alimenta a través de la fidelidad en la buena y en la mala suerte, mediante la oración común y la Eucaristía. Así estoy celebrando las nupcias: estoy unido al Esposo y a mi esposa. Aunque ella no lo sepa, el Señor sujeta nuestras manos. 

¿Por qué cosas reza hoy en día?

  Antes rezaba esto: “Hazme volver a casa”. Ahora pido: “Haz que te ame de nuevo, Señor”. Él hará el resto. 

En su opinión, ¿no existen matrimonios fracasados?

No, porque con la separación nunca acaba todo: cuando nos casamos, la presencia del Señor es tan real y vital que une a los dos esposos para siempre. Nunca hay un final y te debes entregar a Dios por el otro sin condiciones, como has prometido, es decir, incluso si el otro no te quiere. Mi vida, hoy, es esto.

Por lo tanto, no es una renuncia al amor de otra mujer, sino que es permanecer en Su amor presente en el sacramento. Y es verdad porque soy feliz, estoy lleno de fuerza y esperanza, también en esta condición. La perspectiva de la eternidad me hace capaz de ofrecer pocos años de sufrimiento para ganar la felicidad eterna.

¿Qué les diría a los novios y a los esposos?

   Es necesario rezar juntos y recibir los sacramentos; pero, sobre todo, “hacer juntos” incluso si cuesta: por lo tanto, donarse al otro y morir por el otro. Lo que significa rezar siempre, pero con obras.

El matrimonio es una palestra para que nos perdamos a nosotros mismos y nos donemos totalmente recibiendo el céntuplo: “Quien quiera salvar la propia vida, la perderá; y quien quiera perder la propia vida, la salvará”.

Por lo tanto, piérdete, acogiendo todo del otro, menos el pecado: que la mujer sea sumisa en todo menos en el pecado y que el hombre esté dispuesto morir por ella. Sois cónyuges, que viene de “iugum“, el yugo que se pone en el cuello de dos bueyes, no en uno solo.

Significa que si uno va más lento, el otro debe esperar, intentando comprender qué hay en el corazón del cónyuge sin darle tirones. Y si quieres que el otro cambie, pide cambiar tú también; si no lo haces significa que no quieres al otro, sino a ti mismo. Decid: “Señor, una sola cosa te pido: el paraíso juntos”. Por esto estoy dispuesto a pagar con cualquier cosa.
 
¿Qué piensa de los hijos que viven la separación o el divorcio de sus progenitores?

Que sufren y que para ayudarles es necesario seguir manteniendo la estima del cónyuge. Mi hija más pequeña se enfada porque su madre no me quiere, pero yo le digo: “Si tu madre siente esto, hay que respetarla, como la respeta Jesús; pero podemos rezar para que Él, lentamente, entre en el corazón de las personas. Ten paciencia”.

Después le digo que no pasa nada si su madre no quiere que hable demasiado tiempo por teléfono conmigo. Cuelgo y la saludo con alegría, no dramatizo. Me impresiona porque a menudo mi hija repite: “Tú estás siempre contento y vas a la iglesia; mamá, que no va, es infeliz”.

Creo que así, en su dolor, los hijos pueden madurar mucha esperanza y comprender qué es el amor: recibir el de Jesús para pensar sólo en el bien del otro, aunque el otro no te quiera. Esto les enseño, para que ante cualquier dificultad, fracaso o dolor de la vida sepan que amando así, arraigadas en Cristo, tendrán siempre la alegría en su corazón.

En resumen, hay algo bueno en tanto mal causado…

He sido transformado, tengo la alegría que antes no tenía. Dios ha utilizado un mal del que me he arrepentido para hacer algo grande.

Digamos que mi corazón ha cambiado gracias a la Virgen, que me hizo conocer a un sacerdote a través del cual hice una experiencia increíble de perdón (confesar el adulterio fue como sentir que un peso asqueroso salía de mí: fue una liberación), por lo que me consagré a la Virgen haciendo voto de obediencia y castidad.

Fue María la que de verdad me llevó a Jesús; aunque antes era terciario franciscano, vivía alejado de Él. Cuatro años después intenté volver a la fraternidad, pero no me dejaron. “Señor -le había dicho-, si me quieres allí, bien; si no, ponme donde quieras”. Así encontré otra casa, la Asociación Separados Fieles, en la que estoy realizando un camino precioso.

Aquí oí decir que somos los nuevos mártires de leones que están presentes no sólo fuera, sino también en la Iglesia, que ven a los separados fieles como locos. Pero yo creo que todo esto es una locura sólo para quien no tiene fe en el Paraíso.

                                                                            Traducción de Helena Faccia Serrano
                                                                              Artículo publicado por Religión en Libertad

 

Santa Misa con el rito de matrimonio

 

 Santa Misa con el rito del Matrimonio (14 de septiembre de 2014)

La prima Lectura nos habla del camino del pueblo en el desierto. Pensemos en aquella gente en marcha, siguiendo a Moisés; eran sobre todo familias: padres, madres, hijos, abuelos; hombres y mujeres de todas las edades, muchos niños, con los ancianos que avanzaban con dificultad… Este pueblo nos lleva a pensar en la Iglesia en camino por el desierto del mundo actual, nos lleva a pensar en el Pueblo de Dios, compuesto en su mayor parte por familias.

Y nos hace pensar también en las familias, nuestras familias, en camino por los derroteros de la vida, por las vicisitudes de cada día… Es incalculable la fuerza, la carga de humanidad que hay en una familia: la ayuda mutua, la educación de los hijos, las relaciones que maduran a medida que crecen las personas, las alegrías y las dificultades compartidas… En efecto, las familias son el primer lugar en que nos formamos como personas y, al mismo tiempo, son los “adobes” para la construcción de la sociedad.

Volvamos al texto bíblico. En un momento dado, «el pueblo estaba extenuado del camino» (Nm21,4). Estaban cansados, no tenían agua y comían sólo “maná”, un alimento milagroso, dado por Dios, pero que, en aquel momento de crisis, les parecía demasiado poco. Y entonces se quejaron y protestaron contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos habéis sacado…?” (cf. Nm21,5). Es la tentación de volver atrás, de abandonar el camino.

Esto me lleva a pensar en las parejas de esposos que “se sienten extenuadas del camino”, del camino de la vida conyugal y familiar. El cansancio del camino se convierte en agotamiento interior; pierden el gusto del Matrimonio, no encuentran ya en el Sacramento la fuente de agua. La vida cotidiana se hace pesada, y muchas veces “da náusea”.

En ese momento de desorientación –dice la Biblia–, llegaron serpientes venenosas que mordían a la gente, y muchos murieron. Esto provocó el arrepentimiento del pueblo, que pidió perdón a Moisés y le suplicó que rogase al Señor que apartase las serpientes. Moisés rezó al Señor y Él dio el remedio: una serpiente de bronce sobre un estandarte; quien la mire, quedará sano del veneno mortal de las serpientes.

¿Qué significa este símbolo? Dios no acaba con las serpientes, sino que da un “antídoto”: mediante esa serpiente de bronce, hecha por Moisés, Dios comunica su fuerza de curación, fuerza de curación que es su misericordia, más fuerte que el veneno del tentador.

Jesús, como hemos escuchado en el Evangelio, se identificó con este símbolo: el Padre, por amor, lo ha “entregado” a Él, el Hijo Unigénito, a los hombres para que tengan vida (cf. Jn 3,13-17); y este amor inmenso del Padre lleva al Hijo, a Jesús, a hacerse hombre, a hacerse siervo, a morir por nosotros y a morir en una cruz; por eso el Padre lo ha resucitado y le ha dado poder sobre todo el universo. Así se expresa el himno de la Carta de San Pablo a los Filipenses (2,6-11). Quien confía en Jesús crucificado recibe la misericordia de Dios que cura del veneno mortal del pecado.

El remedio que Dios da al pueblo vale también, especialmente, para los esposos que, “extenuados del camino”, sienten la tentación del desánimo, de la infidelidad, de mirar atrás, del abandono… También a ellos Dios Padre les entrega a su Hijo Jesús, no para condenarlos, sino para salvarlos: si confían en Él, los cura con el amor misericordioso que brota de su Cruz, con la fuerza de una gracia que regenera y encauza de nuevo la vida conyugal y familiar.

El amor de Jesús, que ha bendecido y consagrado la unión de los esposos, es capaz de mantener su amor y de renovarlo cuando humanamente se pierde, se hiere, se agota. El amor de Cristo puede devolver a los esposos la alegría de caminar juntos; porque eso es el matrimonio: un camino en común de un hombre y una mujer, en el que el hombre tiene la misión de ayudar a su mujer a ser mejor mujer, y la mujer tiene la misión de ayudar a su marido a ser mejor hombre. Ésta es vuestra misión entre vosotros. “Te amo, y por eso te hago mejor mujer”; “te amo, y por eso te hago mejor hombre”. Es la reciprocidad de la diferencia. No es un camino llano, sin problemas, no, no sería humano. Es un viaje comprometido, a veces difícil, a veces complicado, pero así es la vida. Y en el marco de esta teología que nos ofrece la Palabra de Dios sobre el pueblo que camina, también sobre las familias en camino, sobre los esposos en camino, un pequeño consejo. Es normal que los esposos discutan. Es normal. Siempre se ha hecho.

Pero os doy un consejo: que vuestras jornadas jamás terminen sin hacer las paces. Jamás. Basta un pequeño gesto. Y de este modo se sigue caminando. El matrimonio es símbolo de la vida, de la vida real, no es una “novela”. Es sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia, un amor que encuentra en la Cruz su prueba y su garantía. Os deseo, a todos vosotros, un hermoso camino: un camino fecundo; que el amor crezca. Deseo que seáis felices. No faltarán las cruces, no faltarán. Pero el Señor estará allí para ayudaros a avanzar. Que el Señor los bendiga.

 

Restauración personal y familiar de la mano de Jesús y de María.

Restauración personal y familiar de la mano de Jesús y de María.

Hermanos:

Soy luchadora desde hace varios años y continúo fiel en la lucha, en manos del Señor y de la Santísima Virgen María. Es imposible sintetizar en un relato tantas experiencias hermosas vividas durante mi lucha,  pero tratare de compartirles parte de mis bendiciones en mi proceso de restauración personal  y familiar.

Santísima Virgen de Gualalupe Intercesora

Fue la Santísima Virgen María de Guadalupe,  fué quién salió a mi encuentro en uno de los momentos mas dolorosos y difíciles de mi vida, luego de mi crisis matrimonial que desencadenó en separación y divorcio.

Poco conocía de la Santísima Virgen Maria, poco le oraba a ella, el Santo Rosario era aburrido para mí. Un día me encontré una estampita de la Santísima Virgen de Guadalupe y a partir de este momento por un año, me la regalaban en medallas, iba a algún lugar y lo primero que veía era su imagen, iba caminando por la calle y me encontraba una estampita y un día, lo que mas llamo mi atención es que vino a mi casa una vecina y me invitó a un Rosario por la Unidad de las Familias y me dice que tiene en su casa una Virgen Peregrina y una vez mas era la Santísima Virgen de Guadalupe. Yo acepté la invitación y a partir de ese día, la Santísima Virgen Maria estuvo peregrinando por 12 meses cada semana en mi casa. Venían mis vecinos con la Virgen Peregrina y cada semana rezábamos frente a ella el Santo Rosario por las familias. Coloquialmente le decía a las personas que tenía cerca,  es que la Virgen de Guadalupe me persigue, y un día escuche una voz en mi interior que me dijo: ¨La Santísima Virgen no te persigue… TE ACOMPAÑA¨.

Recuerdo con mucho cariño la ultima vez  que la Santísima Virgen Maria Peregrina, vino a visitarme, porque a los pocos días de manera inesperada, me salió un viaje a la Ciudad de México y tuve la oportunidad de ir al Santuario y pedir a mi Madre Santa su poderosa intercesión por mi  y por mi familia. A raíz de ese viaje, llegaron grandes bendiciones para mi, para mi familia, para los hermanos de Jesus Salva mi Familia en mi país.

El encuentro con la Santísima Virgen María me trajo nueva Fe,  nuevas fuerzas, renovó en mí la Esperanza,  y como resultado de este maravilloso viaje y mi proceso de conversión, el Señor me concedió  a los pocos meses, el reencuentro con mis hermanos de sangre que por diferentes motivos estábamos distanciados, el reencuentro con mis padres (después de 4 años de no verlos por sus constantes peleas y su difícil proceso de divorcio) y la restauración de mi familia de sangre, ya que mis padres tenían mas de 25 años de estar separados y un proceso de divorcio que tardó aproximadamente 15 años y fue muy dolorosa.

Le doy gracias  a Dios y a la Morenita por las bendiciones que trajeron a mi vida, y a mi familia. Doy Gloria a Dios por la restauración de mi familia de Sangre, por el reencuentro de mis padres, y por el perdón que se prodigaron. Luego de tantos años de separación y divorcio hace casi 5 años, hicieron su  renovación de Votos Matrimoniales y desde entonces la familia permanece unida y viviendo tiempos de restauración.

Le pido a Dios que nos mantenga unidos en su amor y que viva y reine en nuestro hogar. Que nos haga testimonio de su amor y de su infinita misericordia.

En agradecimiento a mi Madre Santa, hoy tengo un lugar especial en mi corazón y en mi casa para ella y espero que este sea un pequeño Santuario, donde las personas que vengan a visitarme se lleven un pedacito de cielo, y que a través de Ella, se conviertan y reciban su bendición.

Nada es casualidad

Esta vez quiero compartirles algo doloroso de mi proceso, pero nada es casualidad, mas bien Diosidencia y una vez mas Dios y la Santísima Virgen María se hacen presentes en mi vida, en los momentos mas difíciles y dolorosos.
Llegaba de un mini congreso de JSMF en otra ciudad, cuando al llegar casi a media noche suena un pito en mi celular y lo miro y era un correo electrónico de mi esposo, al abrirlo decía este es el documento de DIVORCIO para que lo firmemos. Sentí un frío aterrador, me temblaba el mentón, y quede casi paralizada. Eran casi 5 años de separación y jamás habíamos tocado el tema de divorcio.
Le respondí con calma el mail a mi esposo y le dije con la verdad y toda tranquilidad, no puedo firmarte los papeles. Es como si le pidieras a alguien pro-vida que realice un aborto. No puedo darte el divorcio, yo estoy luchando por mi matrimonio y mi familia. Fueron varios días de mucha oración, de subes y bajas emocionales, llanto, dudas, dolor en mi corazón y el no respondió nada. Unos meses después me llegó una citación del juzgado pidiendo el divorcio y la citación un 13 de Mayo, día de la Santísima Virgen de Fátima. Tuve muchos días para prepararme en oración para este encuentro, mi confesor me ayudo muchísimo y llego el día esperado. Sentí un poco de temor, ansiedad, pero, fui con la frente en alto de ser una soldadita comprometida con mi lucha, y al llegar me doy cuenta que mi esposo olvidó ir y me llama la juez, entré en su despacho y mi sorpresa, ella con una medalla hermosa de la Santísima Virgen en su cuello y comenzamos a hablar y parecía miembro de Jesus Salva mi Familia. Me dijo la juez, la Iglesia protege los matrimonios y no existen los divorcios para la Iglesia, esto es solo un papel, y he visto muchas restauraciones, confía en la Santísima Virgen María. Este es mi trabajo y tendré que dar sentencia, pues la causal es mas de dos años de No convivencia, pero sigue orando, sigue luchando. Hoy NO firmaremos el divorcio, porque tu esposo no está presente, así que tendremos una nueva cita. A los pocos días me llegó nuevamente la citación para el día de Corpus Christi. La verdad quedé asombrada, una confirmación mas que Jesús y María me acompañan en este duro y doloroso proceso.
Asistí a la nueva cita y la juez que nos asignaron todo el tiempo estuvo de mi parte, y finalmente concedió el divorcio civil, no sin antes recordarnos a los dos que era un papel, pero que el sacramento seguiría vigente.
Son 3 años de haber firmado esa sentencia, habiendo aún un poco de incertidumbre, les puedo decir que mi esposo no ha dejado nunca de venir a visitar a nuestros hijos, viene todos los días a casa, se hace responsable de nosotros, nuestra relación es cordial aunque distante, pero se que Dios y María Santísima están en control.
Nada es coincidencia, no se mueve la hoja de un árbol sin la Voluntad de Dios. Entre mas grande la prueba mayor será la bendición y sigo confiando en que algún día Dios en su infinita Misericordia va a tocar no solo el corazón de mi esposo, sino de muchos otros esposos que han abandonado sus hogares y por quienes oramos todos los días. Dios los bendiga.

Todo pasa

En un momento de confusión y tristeza muy grande, cuando no solo la separación y la crisis matrimonial eran la constante en mi vida, también me acompañaba una difícil situación familiar muy dolorosa.  Para mi NO era claro, si mi madre y mis hermanos habíamos empezado a caminar en el Señor varios años atrás, por qué estábamos rotos, distanciados?, por que si todos conocíamos al Señor y no habíamos peleado unos con otros, por que tanta desunión y dolor?.

Un día visité una psicóloga católica y al preguntarle si todos los acontecimientos que estaba viviendo eran normales, ella respondió: NO. Debes dejarte guiar por un sacerdote. Para este entonces mi vida era un NUDO. Mi familia de sangre rota, no tenia amigos, mis hermanos en problemas cada uno,  problemas con mis hijos, problemas con mi esposo, etc. Llevaba ya varios años de haber iniciado mi proceso de conversión y entrega al Señor, pero todos los días algo nuevo se sumaba al dolor y confusión. Un día fui al Santísimo y dije NO puedo mas, y fui con mi confesor, quien me guió un hermoso proceso de sanación a través de la Eucaristía, el Santo Rosario y Visitas al Santísimo. Debía en cada encuentro Alabar a Dios aun en mi dolor y darle gracias por lo que me estaba permitiendo vivir, debía Adorarlo y estrechar con el Señor mi relación, debía abandonar en sus manos mis problemas y angustias y pedir con todo mi corazón sanará mi vida, mi historia, y me restaurara como mujer, madre, hija, esposa, servidora, como todo lo que soy. También debía pedir misericordia, reparar por los pecados de cada uno de los miembros de mi familia y pedirle a Dios por la situación particular de cada uno de ellos. En cada reunión con mi confesor, siempre me daba citas bíblicas y Salmos que me alentaban.

Dure 4 años en este precioso proceso de sanación, acudiendo con mucha frecuencia a la Eucaristía y al sacramento de la reconciliación, siendo muy obediente a lo que mi confesor me guiaba y pidiendo al Señor en cada Eucaristía sanara, restaurara mi historia y mi vida y reparando también por todos mis pecados y los pecados en mi familia.

Durante todos estos años, cada vez sentía opresión y angustia corría al Santísimo y salía renovada. Recitaba con mucha frecuencia la oración de Santa Teresa:

Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.
Eleva el pensamiento,
Al cielo sube,
Por nada te acongojes,
Nada te turbe.
A Jesucristo sigue
Con pecho grande,
Y, venga lo que venga,
Nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo
Es gloria vana;
Nada tiene de estable,
Todo se pasa.
Aspira a lo celeste,
Que siempre dura;

Fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.
Ámala cual merece
Bondad inmensa;
Pero no hay amor fino
Sin la paciencia.
Confianza y fe viva
Mantenga el alma,
Que quien cree y espera
Todo lo alcanza.
Del infierno acosado
Aunque se viere,
Burlará sus furores
Quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos,
Cruces, desgracias;
Siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.
Id, pues, bienes del mundo;
Id, dichas vanas;
Aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.

Al finalizar el proceso vino el efecto dominó, el desenlace de la situación familiar y una lluvia de bendiciones para mi y mi familia. Enumero solo algunas de muchas bendiciones que recibimos:

1-  La bendición de volver a tener familia y reunirme de nuevo con mis padres y hermanos.

2- El perdón de mis padres y renovación de votos matrimoniales después de mas de 25 años separados y divorciados

3- El inicio de la conversión de mi padre

4- La bendición económica para mi familia y la Providencia Divina

5- El apoyo de mi esposo en diferentes situaciones difíciles para mi familia.

Tal vez hubiéramos imaginado otro final feliz de toda esta película, debo anotar que mi padre NO regresó a la familia con ramo de flores, serenata y de rodillas pidiendo perdón. La salud de mi padre era algo delicada, en este momento está cuadrapléjico y totalmente dependiente y mi madre con una enfermedad neurológica degenerativa. Mis padres ambos disminuidos en su salud, pero el Señor les dio una nueva oportunidad como esposos y familia y les dio una oportunidad de dejar atrás el pasado, perdonarse y vivir en paz sus últimos años de vida.  Los modos de Dios son diferentes a los modos humanos. La bendición de Dios es mas grande y hoy damos la Gloria a Dios como familia ante este milagro hermoso de restauración familiar.

Le pido a Dios todos los días la fortaleza para continuar en mi lucha por la restauración de mi matrimonio, y que podamos ser testimonio de su Amor e infinita Misericordia.

La restauración es un proceso

Hoy son 8 años y medio de lucha, un proceso de restauración personal y familiar pasado por lágrimas, ansiedad, amargura, depresión, soledad, incertidumbre, enojo, injusticias, y todo un aprendizaje que no se borrará jamás de mi corazón y que quiero compartir hoy con ustedes.

Me case por la Iglesia Católica a los 25 años de edad, perdidamente enamorada y con un proyecto de vida a mi medida, adornado de viajes, hobbies, placeres, moda, éxitos profesionales, amigos, en otras palabras fabricamos un matrimonio ligth construido sobre el placeres del mundo.

Mi madre me inició en mi Fe católica de niña, y aunque yo asistía a misa los domingos era solo por cumplir.

En la luna de miel quede embarazada de nuestra primera hija, una hermosa bebe, que a los 10 días de nacida  falleció con Síndrome de Down. A los pocos meses quedé embarazada nuevamente y a las 13 semanas tuve un aborto involuntario. Estás dos perdidas fueron el comienzo de nuestra crisis matrimonial que hoy desencadenó en separación y divorcio. Nos casamos para ser felices, nos casamos para vivir nuestros sueños y aunque prometemos en el altar ser fieles en la salud y en la enfermedad, en la prosperidad y en la adversidad, y amarnos y respetarnos todos los días de nuestra vida, jamás pensamos ibámos a enfrentar pruebas tan rápido y tan dolorosas y la división que estas traerían a nuestras vidas. Las familias también tomaron parte en nuestro matrimonio e  hicieron mucho daño. No vale la pena entrar en detalles de todas las causas de nuestra ruptura. Dios en el fondo de su corazón lo conoce todo.

Hice a mi esposo mi ídolo de barro,  y 15 años luego de celebrado el sacramento del matrimonio, se rompió en mil pedazos y no quedo nada. Durante nuestro matrimonio hubo varias infidelidades por parte de mi esposo, que no fui capaz de perdonar y llene mi corazón de mucho enojo, cantaleta, quería espiarlo todo el tiempo y demostrarle lo malo  e injusto que él era. Yo me sentía perfecta, nada tenía que cambiar. Si mi esposo cambiaba, todo se solucionaría de inmediato. Podía ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en mi propio ojo.

Cuando llego la crisis, yo sabía a donde acudir, gracias a la semilla de la Fe que sembró mi madre. Así que empece a acudir a la Eucaristía, a frecuentar los sacramentos, a visitar el Santísimo y pedir consejería a los sacerdotes. Un día en una Eucaristía, el sacerdote hablo sobre el Adulterio, y dije: Ohhh que maravilla, voy a pedirle una cita a este sacerdote  (era un sacerdote muy joven, de unos 30 años de edad, muy moderno,  un sacerdote con los pies bien puestos en en la tierra), voy a pedirle que hable con mi esposo y lo haga caer en razón. Pedí la cita, hable primero con el sacerdote y mi sorpresa fue que el padre se enojo tanto conmigo, me gritaba, golpeaba con fuerza una mesa y me decía: ERES UNA ASESINA, mataste a tu esposo en tu corazón. Mira como hablas de tu esposo, mira como lo juzgas, mira el odio que hay dentro de tu corazón. Crees que porque vas a misa los domingos eres buena? ERES UNA FARISEA, lo haces para que te vean, pero no sientes nada en tu corazón. Esta reunión duró unas dos horas y el sacerdote me decía es la primera vez que me salgo de casillas con alguien y me enojo tanto, tal vez el Espíritu Santo quiera decirte algo. Al final me abrazo, me dijo que no estaba sola en esta situación y que la Iglesia me acompañaría y me dio la absolución en medio de muchas lágrimas.

Esta reunión marco un antes y después en mi proceso, por primera vez tenía la verdad frente a mis ojos. Pero que tenía yo que cambiar?, esta fue mi primera pregunta.

Al comienzo hablaba y hablaba de mi situación, trataba de justificarme en todo, buscaba aliados, vivía en función de que hacía y dejaba de hacer mi esposo, y quería que sus amigos y familiares le recriminaran por irse de casa. Lloraba mucho, me encerraba en mi misma, vivía mi propio infierno.

Con los días me fui quedando sola, y llegue a un desierto, sin trabajo, con poco dinero en el bolsillo, una gran incertidumbre, mis hijos muy pequeños (2 nuevas bendiciones que Dios nos dio), sin amigos, sin familia, sin mi familia política, la autoestima por el suelo, enferma, triste, sola, humillada, burlada, mi corazón completamente roto, una tristeza profunda y en este desierto  Dios hablo a mi corazón.

El 24 de diciembre de 2009 a las 12 de la noche, Dios me regalo el portal www.jesussalvamifamilia.org. Allí encontré la respuesta a muchos interrogantes de mi corazón, encontré Consuelo, Esperanza, y unos hermanos maravillosos que comenzaron a orientar mi proceso. A los pocos días tuve contacto con hermanos de mi país y pudimos formar los primeros cenáculos de JSMF .

Poco a poco empezó a retornar la paz a mi corazón. Por primera vez experimenté el encuentro verdadero con Jesús. Comenzamos a tener una comunicación abierta y fluida. Yo le decía al Señor que va a ser de mi? de mi futuro? no tengo trabajo hace muchos años y me respondía en Mateo 6:26  si las aves del cielo no siembran ni cosechan y Dios las alimenta y  si los lirios del campo se vestían mejor que el Rey Salomon, Dios conocía todas nuestras necesidades y nos proveería todo. Al día siguiente iba al Santísimo y le contaba al Señor todo mi pasado y lo que me estaba doliendo y el Señor me decía en Isaías 43:18, ya no recuerdes el ayer  y voy a hacer todo nuevo. Otro día le decía Señor me siento triste, sola y abandonada y me regalo Isaías 54 una hermosa y maravillosa promesa donde me decía que no me sintiera sola, triste y abandonada, que se desposaría conmigo, que extendiera mi tienda, que tendría mas hijos que la mujer casada  que vendrían de oriente y de occidente. En una oportunidad le dije Señor me siento muy sola necesito un abrazo pero de carne y hueso, quiero sentir que soy importante para alguien y saliendo del Santísimo me encontré con una amiga que no veía hacia varios años y se acercó y me dijo, tengo unas ganas increíbles de abrazarte y llore en sus hombros lo que no esta escrito. Sentí el abrazo de Jesús en ese abrazo. Otro día, estaba muy triste no quise levantarme de la cama y toda la mañana  estuve acostada llorando y recriminándole al Señor por haber renunciado a mi profesión en beneficio de mi familia y ahora que mi esposo se fue que?, perdí 15 años de mi vida al lado de alguien que no me quiere y no me valora?, de que voy a vivir?, mis hijos en el colegio y yo en casa sola? etc…una cantidad de interrogantes que el Señor contesto a través de mi hijo que en ese entonces tenía tan solo 5 años de edad. Llego del colegio, me abrazo, me dijo que se sentía feliz de llegar y encontrarme en casa, que cuando grande el iba a trabajar y me iba a proveer todo, me regalo un dientecito que se le cayó ese día, para que el ratón Pérez me diera el dinero y yo lo usara en lo que necesitaba. Dios habla en la palabra, en las homilías, en el sacramento de la reconciliación, a través de amigos, familiares, y situaciones de la vida.

Comencé a asistir a retiros, Eucaristías de sanación, peregrinaciones, congresos espirituales y a tratar de llenar mis vacíos en Dios. Era el único lugar donde encontraba paz. Muy rápido el Señor me regalo  la vocación de servicio y comencé a organizar reuniones de JSMF, cenáculos y en la medida que dispuse mi corazón a Dios y a su obra, Dios ha ido sanando el dolor, calmando la ansiedad, restaurando mi corazón, dándome el don del perdón, regalándome el amor por el Santísimo y la Santa Misa.

El dolor y sufrimiento me impulsaron a buscar como restaurar mi matrimonio, pero realmente me llevaron hacia Dios, a un encuentro personal, cara a cara con Jesús. Un encuentro real y verdadero (JESUS Y YO), también comencé a amarlo y conocerlo y querer ser como El, luego no solo quise conocerlo sino ofrendar mi vida y ponerla al servicio de Dios.

Mi nueva meta es el cielo. El Señor en todo este proceso me ha llenado de bendiciones y promesas y se que todo será en el tiempo de Dios. El tiempo de restauración aunque es importante, está en un segundo plano, porque es mas importante tener a Dios como centro de mi vida.

Para alcanzar la santidad me falta mucho camino por recorrer, falta mucho por transformar, renunciar, purificar y reparar. Este no es el camino mas fácil,  pero si el mas seguro.

Hoy aunque no ha llegado la restauración matrimonial, soy muy feliz y le doy gracias a Dios por todas las bendiciones que me ha dado durante este tiempo:

0-  Me regalo Amor por todas las cosas Santas y del cielo y me dio una nueva oportunidad de reconciliarme con El.

1- Restauro mi salud. Estuve 1 año en cama muy enferma y me realizaron una cirugía de urgencia, gracias a Dios tuve una rápida recuperación.

2- Restauro mi familia de sangre  y todos vamos caminando en Dios y mi papá esta proceso de conversión y purificación

3- Me regalo un hermoso grupo y apostolado en JSMF

4- Me regalo un excelente director espiritual y un confesor. Me dio la oportunidad de conocer 2 sacerdotes y recibir de ellos orientación y con mucha paciencia y vocación a su servicio me han llevado de la mano.

5- Me regalo amigos y hermanos de lucha que quiero con todo mi corazón. Hoy son mi familia espiritual

6- Se hace presente día a día la Providencia Divina

7- Le dio un nuevo sentido a mi vida

8- Trajo de regreso la paz a mi corazón y a mi familia.

9- Me permite ser una madre feliz y presente en los diferentes procesos de mis hijos.

Que mas viene ahora?, no lo se, todo está puesto en manos de Dios. Yo me esfuerzo por seguir caminando hacia Dios todos los días y Dios tendrá la ultima palabra sobre mi vida, la vida de mis hijos y de mi esposo, de mi familia, de mi familia de sangre y de este hermoso ministerio de restauración JSMF.

Lo único cierto que les puedo compartir, es que nadie sale con las manos vacías cuando dispone el corazón a Dios y tiene un encuentro auténtico y verdadero con Jesús.

Que este testimonio sea para la Gloria de Dios y para el bien de los soldaditos y soldaditas que están atravesando el dolor de la crisis matrimonial, separación y divorcio y quieran luchar por sus matrimonios y familias. Dios los bendiga.

Mi proceso de conversión

 

Mi proceso de conversión

   Hermanos en Jesús y María Santísima. Vivo en Caracas, Venezuela.    Hasta 1997 era la peor católica: no creía, ni conocía el tesoro infinito en  nuestra Santa Iglesia Católica, hablaba mal del Vaticano, de los sacerdotes y monjas. Sólo conocía a Dios y a la Santísima Virgen del Valle; cuando hablo de Dios me refiero a Dios Padre, no conocía  a la Santísima Trinidad, Dios hijo, Dios Espíritu Santo y de Jesús, sólo en diciembre “El Niño Jesús’,  pero nada más.  Hice la primera comunión, la peor de todas, pues  en mi familia poco se hablaba sobre este tema.

  Mi papa terrenal se dice ateo, y mi mamá terrenal busca más las cosas del mundo. Me case en 1980, con un primo mío divorciado y tuvimos una hija, hoy de 28 años; me separé en 1981 estando embarazada y me dedique por completo a mi hija. En el año de 1997, creyendo en la nueva era, cartas astrales y demás brujerías, sufrí una enfermedad, que no se la deseo a nadie, pero fue una bendición de la Divina Misericordia, porque después vino  mi encuentro personal con Jesús, mi Salvador. Sufro de recto colitis ulcerosa, la misericordia de Dios es tan grande, en 1999, me iban a operar para sacarme el colon,  porque era una sola llaga; como tenía anemia,  suspendieron la operación hasta enero marzo 2000. Estaba en el proceso de mi encuentro con Jesús, por así llamarlo.

  Me incorporé al trabajo y me olvidé de la operación. Mi familia no, mi familia insistía, por lo mal que había estado, pero Dios es fortaleza. Me hicieron un examen en el 2009 y tengo el colon en perfecto estado, luego que la enfermedad me repitió en 2006.

  Todo sea para la mayor gloria de Dios, uno y trino. Recibo correos de una pareja católica, de Argentina, y en los mensajes  hay varias páginas que ellos recomiendan,  así supe de “Jesús Salva a mi Familia”  envíe solicitud, me aceptaron y aquí estoy gracias a Dios y la Santísima Virgen María y que ellos les sigan  colmando de bendiciones.

DÉCIMO ANIVERSARIO DE JSMF

 

DÉCIMO ANIVERSARIO DE JSMF

Llevo 45 años de matrimonio con mi amada esposa Hortensia, nos casamos en Agosto 01 de 1.970,  pero los primeros diez y siete años fueron un desastre. Después fue en menor proporción pero continuaba en el error. Fui el esposo infiel por excelencia, exageradamente promiscuo. Como era un empresario exitoso, abusé del poder de mi posición y del dinero, que me estaba llevando a la perdición. Era un alcohólico porque bebía continuamente y a veces varios días seguidos, mi esposa sufría mucho y me atacaba, con palabras,  cada vez que llegaba ebrio a mi hogar. Nunca fuimos violentos de hecho, pero sí de palabra.

El 4 de Febrero de 1.987 me declaré enfermo alcohólico en el Grupo Internacional de Alcohólicos Anónimos de Bogotá D.C. A partir de esa fecha no volví a beber, pero durante muchos años continuaba con los defectos de carácter, propios del alcohólico activo, aunque no bebía, continuaba visitando las discotecas con mujeres, ellas bebían yo no. Así continuaba cayendo en la adicción de la carne. Llegó el momento en que no regresé a las discotecas, pero cometía mi adulterio en el día, para llegar temprano a mi hogar y cumplía con mi esposa en todos los aspectos. Los días que iba a buscar a mi esposa, me cuidaba desde dos días antes para no fallarle. Nuestra relación matrimonial empezó a cambiar favorablemente desde ese momento, pero yo no era coherente con lo que hacía ante ella.

Estaba preparando un libro que se iba a llamar el Manual del Infiel, explicando las diferentes estrategias que utilizaba para que, mi esposa, no me descubriera, ella desconfiaba pero yo me cuidaba de darle evidencias. Lo que si hice fue cuidarme para no llevarle una enfermedad a mi esposa y para evitar embarazar a alguna chica, como tampoco se me cruzó por mi mente abandonar el hogar ni mantener a otra mujer, que no fuera mi esposa. Cuando tomé la decisión de cambio, desistí de publicar semejante libro del demonio, porque tenía reglas para hacer más difícil detectar, la infidelidad,  por la esposa. En ese desorden continué por muchos años más, pero cada vez con menos intensidad y fue cuando tuve el encuentro con Jesús. Aun así continuaba cayendo, pero me levantaba. Mientras estuve en el pecado del adulterio y después de mi encuentro conmigo mismo y con Jesús, decidí no soltarme de la mano de mi Señor, diciéndole cada día: “Señor dame la fortaleza en tu Santo Espíritu, para salir de este abismo en el que estoy”. Pero como el camino de conversión no es así, como algo mágico, es un proceso que dura toda la vida, son etapas que se van cumpliendo, hasta que el Señor no saca del pecado con Su misericordia y Su amor infinitos.

Un día decidí buscar la felicidad dentro de mí y tomé la decisión de ser feliz con mi esposa, porque la felicidad es decisión personal y cuando se toma, Cristo está allí para ayudarnos y apoyarnos en nuestra decisión, porque Dios no hace por nosotros, lo que debemos hacer. Como es tomar decisiones, porque Él respeta nuestro libre albedrío. Yo no era feliz con lo que estaba haciendo y un sentimiento de arrepentimiento sincero me llevó, como empujado, hacia un sacerdote para que le confesara mis pecados. Estaba en un seminario de mi parroquia y yo no quería confesarme con ninguno de los sacerdotes que estaban allí, porque éramos amigos. Me fui al Santísimo y le manifesté a mi Jesús Sacramentado, que si quería que me confesara, que me mostrara con qué sacerdote. Salí de la capilla del Seminario diocesano, y me regresé al salón de conferencias y me senté. Al momento sentí un impulso de levantarme, como si alguien estuviera haciéndolo por mí, y sentí la necesidad de volver ante el Santísimo, le pregunté a mi Señor qué quería, no sentí que me dijera algo, pero sentí el mismo impulso de levantarme y salir del oratorio. Cuando iba saliendo pasé por el frente de una oficina y vi un  sacerdote en ella, y sentí de nuevo la fuerza que me movía y entré, saludé y le pregunté si podía confesarme, y me dijo que sí y me mandó sentar. Hermanos, les digo que jamás había tenido una confesión igual, lloré frente al sacerdote y cada vez que me acuerdo se me salen las lágrimas.

Talvez no soy el cristiano perfecto, pero descubro que cada día soy más feliz, porque cuando Cristo entra a nuestros corazones y en nuestra vida matrimonial encontramos en nuestro cónyuge la imagen de ese Jesús que nos ama y nos muestra el camino de la salvación. “Al sobrevenir la Ley, se multiplicaron los delitos, pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rom. 5:20) y es lo que estoy viviendo en la actualidad.

Después de estar viviendo la felicidad matrimonial en Cristo, fui impulsado a  compartir mi testimonio y empezar a servir en la restauración de los matrimonios, a partir de la Santa Palabra y de mis propias vivencias, Encontré una hermosa página que es Catholic Net, donde encontré cantidad de hijos e hijas de Dios, pidiendo oración y consejo porque estaban viendo que sus hogares se estaban desmoronando. Comencé, entonces a orientar mediante la Palabra de Dios, a estos hermanitos que se agobiaban por la desesperación por el desamor y el abandono de sus cónyuges.

Desde hace siete años me dedico a la consejería espiritual de parejas en conflictos en nombre de Jesús por medio de JSMF. Actualmente soy colaborador, con mi amada esposita, en Escuela de Parejas de la Renovación Católica Carismática de mi ciudad y fundé con mi párroco, el Consultorio de Ayuda Espiritual a las Parejas en Conflicto, sean casados o en unión libre. Ya varias parejas que vivían en pecado, contrajeron el Sagrado Vínculo del Matrimonio, ante el altar de Dios.

El perdón es la más bella bendición con que Dios nos premia por perdonar, mi amada esposa dio un testimonio de perdón que me llena de paz y amor por ella. Les cuento cómo fue el momento: Hace siete años hacemos, mi esposa y yo, un balance mensual de nuestro matrimonio, Nos vamos a un lugar imparcial, un restaurante o una cafetería, no sentamos uno frente al otro, después de orar un momento cada uno, nos miramos a los ojos y vienen dos preguntas: ¿Qué hecho malo este mes para corregir y qué he hecho bueno para mejorar?… Cada uno habla, y el otro escucha, es el momento de pedir perdón y perdonar, hemos descubierto que cada día tenemos menos qué pedir perdón y perdonar, porque el perdón construye. En un balance, hace cuatro años, me pregunto ella, “¿Cuántas veces me fuiste infiel?”…. Me sorprendió la pregunta, pero no podía dejarla sin respuesta con la verdad. Le pregunté, “¿Estás dispuesta a perdonarme?”, me respondió “Sí estoy dispuesta”. No obstante le dije, “Aunque no estés dispuesta a perdonarme, te lo voy a decir, salimos de aquí vamos a nuestra casa, empaco mi equipaje y me voy a vivir a otro sitio, te dejo en la casa, te dejo uno de los vehículos, y te garantizo que nada te va a faltar en lo económico, no quiero vivir más en la mentira, aún pague con creces mis errores”… Ella me respondió, “Sí te perdono”… Le respondí, “Entonces repíteme la pregunta”…. ¿Cuántas veces me fuiste infiel?… Le respondí, “Tantas veces que perdí la cuenta”… “Y con amigas mías”, le dije, “Si con cinco amigas tuyas”… “¿Quiénes fueron?”… “No te digo ningún nombre porque vas a odiar, es mejor callar que hacerte más daño”, le repliqué. Ella lo entendió y, en nombre de Jesús, me dio su perdón.

En la actualidad doy ese testimonio y ella no se molesta, ¡¡¡Esto es el verdadero perdón!!!…. Perdonar no es aceptar lo que el ofensor hace, sino descargarnos de nuestro propio dolor, cerrar nuestras heridas y no es que lo olvidemos, porque la cicatriz queda, sino que al recordar ya no nos duele. La idea equivocada de que  perdono pero no olvido, es cierto ¡¡¡No, es soltar un equipaje que no es nuestro!!! Es como cuando te hiciste una herida en alguna parte de tu cuerpo, duele, cuando comienzan a sanar duele más, pero con el tiempo se va cerrando hasta quedar sanada, pero la cicatriz queda, ahora te tocas donde hubo la herida pero ya no te duele y no olvidas el momento que viviste cuando sucedió el accidente. Ese es el verdadero perdón, por eso creo que mi esposa, me perdonó de verdad. Pero téngase en cuenta que, el perdón, es un proceso y nada mágico. Dale tiempo al tiempo, que el Señor te ayuda a superarlo, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13), dice la Santa Palabra. ¡¡¡Sin el perdón nada se construye!!!….

Pasaron dos años, corría el año  2.006 y después de una visión que Dios me puso en un sueño, llegó el momento, 27 de Abril de ese año, en que se fundó nuestra amada comunidad virtual JESÚS SALVA MI FAMILIA. Que hoy estamos cumpliendo nuestro décimo aniversario en que Nuestro Salvador Jesucristo, se ha glorificado en muchos matrimonios y continúa mostrando caminos de esperanza y restauración a muchos más.

Ya muchos de mis hermanitos de JSMF, habrán leído la historia de cómo nació esta bendita obra, para la gloria de Dios y en beneficio de los hogares en conflicto. La multiplicación de los hogares destruidos está afectando a nuestra sociedad actual, porque su futuro está en la Iglesia doméstica que son estos hogares, producto del alejamiento de Dios y la fuerza maligna que quiere destruirnos.

Estamos celebrando estos diez años,  con cadenas de oración, eucaristías y encuentros, en la que el amor y la misericordia de Dios, en Cristo Jesús, se ha manifestado en esta obra que tanto bien está haciendo a los hogares. Unámonos en oración para que esta bendita obra siga creciendo para la honra y gloria de Dios, y para bien de los que lo aman, tienen fe y no han perdido la esperanza, porque para Dios no hay nada imposible. Demos gracias también a nuestra madre María Santísima, como modelo de esposa y madre y como nuestra Santa Patrona  y a su esposo, el casto San José, como patrono  de los matrimonios y los hogares, para que continúen intercediendo por los nuestros y los de todo el mundo.

Reciban un abrazo fraterno en Jesús y María Santísima, desde lo más profundo de mi corazón.

RODRIGO LOAIZA ÁLVAREZ

Director General de JSMF